"Me gustas no porque te hayas hecho famoso. Me gustas y ya." Con esas palabras salió del apuro solo para besarme en los labios inmediatamente después de soltarlas. Estuve paralizado al principio, unos veinte segundos más o menos calculo, despojado de toda indignación que se había apoderado de mí cuando me enteré. Sí, ya me había puesto a revaluar los gestos y miradas de enamorada promedio, o ¿mujer falta de atención? Sigo bajando la rigidez de mi cuerpo tocado por el tuyo sin mi consentimiento, lo hago por instinto nada más. En el fondo soy un hombre promedio que quiere sentirse apreciado. Entendí que ambos queríamos eso y más que eso, sin embargo mis manos quietas a ambos lados de mí se pusieron inseguras de qué hacer. Es una clase de control ejercida desde la cotidianeidad de una habitación de pareja común y corriente, todo giraba alrededor de ella y yo era una pieza con trato especial en ese meollo. Me llegaban las imágenes vívidas del primer día en que te vi, una mujer que no quería saber nada de mí, incómoda de verme cerca, evitativa cada que había la oportunidad para relacionarse conmigo. Seguía besándome con una intensidad de quien sabe le queda poco tiempo. Sentí repulsión y ganas de desechar los recuerdos de la primera vez que sentí atracción por ti, luché por sacarme tu belleza atormentadora de encima, pero no pude perderme el disfrute de ser mimado por alguien como ella.
