I
–¡Miss Avoset!– Su voz desgarrándose al tropezarse con una piedra.
El sonido sordo de su cuerpo tocando el suelo fue lo que menos se oyó.
El esfuerzo de levantarse le fue inútil, con la herida derramando sangre en su brazo se le dificultaba en cada intento.
Buscó a los menores con la mirada, nadie.
No había nadie más que fuego, sangre y miles de Huecos.
Se levantó como pudo y comenzó a moverse silenciosamente por el bosque, pasos rápidos, pero inaudibles.
Si tan solo Isaac la viera como caminaba, se reiría de ella hasta que se quedara sin oxígeno, dios, se sentía tan estúpida, sus lágrimas salían inconscientemente, como si de una niña pequeña se tratara.
Corrió como nunca, observando a todos lados con terror, buscando con la mirada a sus compañeros de toda la vida.
Un gran estruendo resonó por todo el bosque, se paralizó al ver a la pequeña Brynn siendo atacada por un Hueco, su débil cuerpo tirado en el suelo mientras el monstruo se preparaba para la cena.
Leves sonidos susurraban en su oído, se escondió, agachándose levemente en el largo pasto, su corazón latiendo a mil.
¿Su corazón?
Cerró sus ojos, respiró con suavidad y se enfocó en ese sonido suave, rápido, inseguro, miedoso.
Lo volvió lento. Tranquilo. Como si lo acunara.
Regresándole ese apoyo y fuerza que necesitaba.
Una gran punzada en el pecho la volvió a la realidad, se quejó suavemente, miró en la dirección de la pequeña, se había marchado en el mismo momento que el Hueco, su brazo dolía aún más, su corazón igual.
Debía buscarla.
Caminó como pudo gritando su nombre con suavidad, tratando de no llamar la atención.
Cuando exploraba el bosque se reencontró con el Hueco, la reconoció.
Corrió como nunca, cerró sus ojos y aceleró el corazón del hueco al punto de que lo desorientara por completo.
Corrió y corrió hasta llegar al siguiente bucle, de inmediato sintió el tiempo correr.
Apuró el paso para llegar al hogar, al verlo desde lejos donde se instalaban Mrs. Aldo y sus peculiares, corrió hacia este.
chocándose con ramas, plantas, flores, la fauna inundaba el bosque y el jardín de aquél hogar.
La muchacha vió la hermosa entrada de la casa, entró sin permiso y cayó sobre el suelo con un sonido sordo, desmayándose.
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero estaba segura de algo andaba mal.
El bucle era dos años menor que el suyo.
Eso solo significaba una cosa:
ella permanecería allí con dos años menos.
Al despertar sintió la suavidad de las sábanas, la cómoda cama alborotada. Se sentía como el paraíso, se sentó cuidadosamente, al hacerlo sintió la punzada de dolor en su herida, apretó su brazo con fuerza, miró a su alrededor y se levantó de inmediato.
Ya no le importaba el dolor.
Le importaba huir de allí, encontrar a Brynn e ir al bucle de Miss Peregrine...
Salió corriendo de la habitación, al entrar a la sala miró a todos los peculiares.
-¡Brynn!- Gritó fuertemente, corriendo hacia ella, enredando sus brazos alrededor de su torso.
Sollozó suavemente, aferrándose a la pequeña con temor.
–Pensé que habías muerto,-Murmuró la mayor en su oído–¿¡Dónde está Isaac!?–La menor la miró con los ojos cristalizados de lágrimas, negando suavemente con su cabeza.
Un nudo en su garganta comenzó a molestarle, se aferró aún más a la pequeña, Isaac, el chico peculiar con el que había pasado casi toda su vida...
Ya no estaba a su lado.
Miraron a Mrs. Aldo, quién las consolaba con la mirada.
–¿Quieren algo, pequeñas?–Preguntó el mayor de todos en la habitación, ambas negaron con la cabeza.
Pronto estaban sentadas en la sala hablando con Mrs. Aldo y sus peculiares.
–Necesitamos ver a Miss Peregrine, ella es la que nos podrá ayudar, sé que es mucho pedir, pero necesitamos a Edgard.–El joven las miró con confusión y molestia.
Edgard era un muchacho callado, molesto, tímido, necio y terco, era lo que podría llamarse "Amargura". Sí, esa palabra lo describía muy bien.
Este se negó rotundamente, mirando a Iris con desconfianza.
-No lo haré, mejor no pierdan el tiempo aquí.- Respondió levantándose con molestia e indiferencia, lo miraron marcharse como si nada, como si los Huecos no estuvieran comiéndose los ojos de niños peculiares.
–¡Si no lo haces mi bucle morirá!–Gritó la muchacha con un nudo en el estómago, Edgard se congeló en el lugar.
La miró con esa mirada penetrante, esa mirada que la hacía saber en cualquier momento que estaba siendo observada.
Este se acercó, hasta quedar a centímetros de distancia.
–Eso no me incumbe, si tanta ayuda necesitas vé y dile a tus amigos, ¿O están muertos?–Palabras hirientes, pero no mentiras. Su mano reaccionó antes de que ella misma pudiera pensarlo.
Un golpe seco, torpe, más reflejo que una intención.
Edgard ladeó la cabeza ligeramente, no se tocó la mejilla, ni mucho menos reaccionó de mala manera.
Sonrió...
–Lo haré–Confirmó penetrando sus ojos con la mirada.
Ahí fue cuando Iris soltó el aire con un leve temblor en su voz.
Su sonrisa no prometía amor ni confianza.
Prometía insistencia...
–Fin del capítulo I–
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Capítulo I publicado 🖤
No puedo creerlo.
Gracias por leer, los espero el domingo.
⏰ Próxima actualización:
Domingo - 19:00 (hora Argentina)
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𝔅𝙖𝙟𝙤 𝔖𝙪 𝔖𝙤𝙢𝙗𝙧𝙖
RomanceUna historia inspirada en Enoch O'Connor. -Eres un hipócrita. Egoísta. Siempre fuiste tú primero, tú y nadie más. Estoy cansada de tus juegos, de tus silencios... de ti, O'Connor. -¿Y aun así sigues volviendo?- Sonrió sin humor- Siempre vuelves. He...
