Las horas pasan en el reloj de Max, quién espera sentado a qué Oscar llegue. El departamento está iluminado por velas con olor a lavanda. Es tenue, pero perfecto para la situación. El neerlandés sostiene un vaso de vidrio con whisky, los hielos comienzan a derretirse, Max da un sorbo pequeño para después dejar la bebida en la mesa de centro y levantarse.
Sus pies lo llevan al gran ventanal del lugar. La ciudad luce hermosa desde ahí arriba. Sin embargo por la altura no pude alcanzar a ver esa cabellera castaña.
Oscar no ha llegado y eso lo empieza a inquietar. Él nunca llegaba tarde siempre estaba a la hora acordada en frente de su puerta, esperando que abriera con las manos en los bolsillos de los pantalones, los hombros encogidos y una casi inexpresiva cara.
Max se aparto y se encamino hasta la puerta, la abrí porque su mano pico, la ansiedad recorrió su cuerpo cuando por el pasillo no vio ningún rastro que le dijera que el chico australiano había estado ahí. La cerro, y cuando el click sonó dejo caer su frente contra la madera, suspirando. Esperando.
Sin embargo Oscar no llegaba, y una hora más habia pasado.
El neerlandés se alejó de la puerta, saco el teléfono que usaba para comunicarse con el menor y marco el único número que tenía. Lo mando a buzón, no contestó. Volvió a marcar, pero está vez ni el tono sonó. Oscar había bloqueado el número.
Max apretó el aparato tan fuerte que le hizo una rotura, no le importo. Abrió una vez más la puerta y salió del departamento, sus pies dando zancadas fuertes contra el piso de madera. La desesperación se mantiene con él mientras sube a su auto, acelerado por la carretera, pasando los altos con gran velocidad. Su mente tenía claro a dónde ir y no detendría ese coche hasta llegar a ese hotel. Oscar tendría que darle una explicación, no podía dejarlo así sin más.
Necesita oír porque el chico decidió no ir, y porque lo bloqueo.
Paso un alto más, ninguna luz de policía lo seguía. Aceleró como un demonio que necesita el alma de alguien para mantenerse cuerdo. Las luces del gran hotel podían verse, Max paro el auto, y acomodando su traje negro entro, elegante, educando.
Cuando se paró en la recepción, la chica que atendía se quedó muda por unos segundos, el neerlandés no expresó nada, la cara sería.
-Hola, buenas noches.- dijo después de unos segundos, la voz neutral con un tono ensayado. -Busco la habitación de un huésped- hizo una pausa, estudiando el rostro de la chica. Ella lo escuchaba atentamente.-, Oscar Piastri es su nombre. ¿Podría decirme en qué piso se encuentra? Por favor.-
La chica lo miro con duda, pero al ver los ojos celestes no dudo en buscar la información. Le daban miedo.
-Piso cinco, habitación 181.- le informo con voz baja. Max agradeció.
Subió al elevador, las manos apretadas a los costados, los nudillos blancos por la fuerza ejercida. Los pisos pasan tan lento que se arrepiente de no haber tomado las escaleras, está seguro de que hubiera llegado más pronto. Cuando paro salió lo más rápido que pudo, sus pasos resonaron, sentía el pecho apretado, como si algo malo estuviera por pasar, o como si ya hubiera pasado.
Cuando llegó a la puerta, tardo minutos en tocar, la mano temblorosa contra la madera. Se quedó esperando, no había respuesta. Piastri no abrió. Toco una vez más, igual. A la tercera tocó con desesperación, llamando el nombre del chico.
Y está vez el australiano salió, había pequeños golpes en su rostro, los lunares ahora cubiertos por sangre. Max se estremeció en furia. Pero su ceño se relajo cuando el chico le dio una sonrisa nerviosa.
Paso cuando le dio permiso, la voz rota del chico le apretó el pecho. Oscar se sentó en la cama, donde un botiquín de emergencia se encontraba abierto, estaba curando sus heridas solo. Lo volteo a ver, antes de que hiciera la pregunta, Oscar ya estaba hablando.
![WE NEVER DATED [Max x Oscar]](https://img.wattpad.com/cover/404780780-64-k615844.jpg)