1. ¿De verdad está todo listo?

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—¡¿Pero en donde está el pastel?! —gritó Daki al teléfono antes de colgar con rabia.

Organizar una boda de ninguna manera era una tarea sencilla. Eso lo descubrieron luego de intentar armar la boda de Kaigaku.

Estaban a horas de empezar la ceremonia. Podía parecer mucho tiempo, pero dios y ellos sabían que esas horas pasarían con la misma velocidad que los minutos al estar en medio del caos que resultaba tener todo en su lugar antes de que los invitados comenzaran a llegar al lugar de la boda.

—¿Dónde está el pastel? —le preguntó Gyutaro a su hermana menor, entrando a la habitación en donde ella estaba ayudando a Kaigaku a prepararse. Estaba a la mitad del nudo de su corbata.

—No lo sé, dicen que están en camino pero hace cinco minutos dijeron que ya debía estar en el salón —respondió Daki, dejando a Kaigaku de lado para acercarse a Gyutaro y ayudarlo a atar de forma correcta su corbata—. Esa maldita pastelería está en mi lista negra desde hoy.

—¿Que hacemos si no llega el pastel? —preguntó Gyutaro—. ¿Compro uno en el supermercado?

—¡Antes Kaigaku muerto a llevar un pastel de supermercado a la boda! —soltó Daki como una sentencia final.

Kaigaku, quién estaba sentado frente al espejo de su pared, fingió toser para llamar su atención.

—Les recuerdo que soy el protagonista, es mi boda, y me están estresando —les dijo Kaigaku, intentando sonar tranquilo.

Daki de inmediato le ofreció una disculpa antes de volver hacia él para seguir arreglando su cabello. En realidad ella era la que estuvo a su lado más que nadie a lo largo de la planeación del evento, por lo que Kaigaku no la culpaba por estar casi tan nerviosa como él.

Cada tanto, Kaigaku le daba vueltas al anillo en su dedo anular. Fue una costumbre que adquirió a lo largo del tiempo de su compromiso, al inicio lo hacía a modo de recordarse que eso estaba sucediendo, pero en la actualidad era más como una forma de distraer su mente.

Los tres se habían juntado en casa de Kaigaku para arreglarse juntos, y mientras que Gyutaro no hizo más que ponerse su traje de color morado al igual que el resto de los padrinos, Daki y Kaigaku destinaron horas completas desde la preparación de su piel a la de su cabello.

Gyutaro simplemente se acostó sobre la cama de su amigo para mirar un vídeo sobre las reglas básicas de etiqueta a la hora de comer.

—Cierra los ojos —le pidió Daki a Kaigaku, antes de rociarle cantidades monumentales de fijador para el cabello. No iba a permitir que el peinado del novio se arruinara a media boda. Dió un paso hacia atrás para apreciar sus resultados—. ¡Perfecto!

Kaigaku se levantó de su asiento para acercarse al espejo y ver de cerca su apariencia. No tenía ni una sola queja.

Miró a su amiga, la cual había comenzado a echarse aire a la cara con ambas manos para evitar correr su maquillaje por una escena emotiva. Kaigaku tuvo que morderse la lengua con el mismo propósito.

Kaigaku tomó la mano de su amiga, ella de inmediato lo agarró con fuerza, sonriéndole a la par que una gran sensación de melancolía los bañaba a ambos. Se conocían desde hace tanto tiempo que era un golpe enorme de realidad toparse con la idea de que ya no eran niños soñando con un futuro, ahora era adultos, y uno de ellos estaba a punto de iniciar un capítulo nuevo en su vida.

Ambos pudieron controlar sus sentimientos, hasta que escucharon un sollozo a sus espaldas.

Era Gyutaro.

—Mierda... —soltó Gyutaro, quién había tomado asiento en una esquina de la cama. Se limpio un par de lágrimas con la maga de su saco—. No es nada... —les aseguró antes de sorber su nariz—. Es que... uff. —Tomó aire—. Te vas a casar y... Siempre lloro en las bodas.

Chocolate con azúcar | Kokushibo x Kaigaku ² ᵖᵃʳᵗᵉHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora