Capítulo 1: El Muro de los Silenciados

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La lluvia caía como cables eléctricos sobre los tejados oxidados de Neón Ruins. Zira se deslizaba entre los callejones, sus botas resonando contra el concreto mojado. En su espalda, “Boomie” —su lanzacohetes casero— vibraba con cada paso, ansioso por causar estragos.

Frente a ella, el Muro de los Silenciados. Un panel de propaganda digital que transmitía mensajes del Consejo de Órden: “Obedece. Consume. Calla.” Zira sonrió. Con un movimiento ágil, conectó su guante hacker al panel y comenzó a inyectar su arte: una animación de colores explosivos, con una figura danzante que gritaba “¡Despierta!”

Las alarmas sonaron. Drones descendieron como moscas metálicas. Zira giró, disparó una bomba de pintura cegadora, y corrió por los tejados como si el caos fuera su hogar. En su oído, la voz de su aliada, *Riko*, una experta en sabotaje digital:
—“¡Buen trabajo, Caótica! El barrio te aclama. Pero Helix ya te rastrea.”

Zira rió.
—“Que me encuentren. Tengo más murales que pintar.”

Zira se deslizó por una tubería oxidada, aterrizando en el patio trasero de una lavandería abandonada. El lugar era su escondite temporal, lleno de cables, latas de pintura, y pantallas rotas que aún chispeaban con vida. En una de ellas, apareció Riko, su aliada digital.

—“Helix está triangulando tu ubicación. Tienes cinco minutos antes de que los Silenciadores lleguen.”

Zira se quitó los guantes, revelando sus dedos manchados de pintura y aceite.
—“Entonces tengo cuatro para dejarles un regalito.”

Activó su dron “Chispa”, una esfera flotante con patas de araña y una sonrisa pintada. Lo programó para proyectar su último mural en todos los paneles cercanos: una figura encapuchada rompiendo cadenas, con la frase “La libertad no se pide, se toma.”

Mientras el dron se alejaba, Zira se preparó. Cargó a Boomie con una cápsula de humo ácido y se colocó su máscara de gas con orejas de gato.
—“Riko, ¿puedes abrirme una ruta por los túneles del metro?”

—“Ya lo hice. Pero cuidado, hay interferencia. Puede que no estés sola ahí abajo.”

Zira sonrió.
—“Perfecto. Me encanta la compañía inesperada.”

Saltó por la trampilla del sótano y desapareció en la oscuridad, mientras los paneles de la ciudad estallaban en color y caos.

Zira Vex La Caótica Stories to obsess over. Discover now