Capitulo 1

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El sol de la tarde caía directo sobre las calles del barrio, calentando el pavimento y dejando ese olor a tierra húmeda que siempre avisaba que pronto iba a llover.
Rebeca Ramos caminaba con paso rápido, saludando a la misma gente de siempre, esquivando charcos viejos que parecían parte permanente de la calle.

—Buenas, doña Mari —dijo, acomodándose el cabello negro detrás de la oreja.
—Buenas, hija —respondió la señora desde su ventana, como todos los días.

Era su mundo. Humilde, ruidoso, apretado... pero suyo.

Lo que Rebeca no sabía era que ese día su barrio cambiaría por completo.
Y no en el buen sentido.

Cuando dobló la esquina, lo vio:

Una camioneta blanca enorme, brillante como si jamás hubiera pisado una calle real. Detrás venían dos más. Hombres cargando cámaras, luces, cajas, trípodes. Todo un equipo de grabación invadiendo su barrio como si aquello fuera un set de televisión.

Rebeca frunció el ceño.
—¿Qué chingados...?

Entonces él bajó.

Izack Larrea.

Hijo del abogado más poderoso e influyente del país. Modelo de marcas de ropa, perfumes, campañas nacionales. El rostro que aparecía en espectaculares gigantes, pasarelas, revistas y comerciales.
Alto, con ojos claros que parecían demasiado perfectos para ser reales, cabello castaño claro peinado como si alguien lo retocara cada cinco minutos, cuerpo marcado por entrenamientos que costaban más que el sueldo mensual de muchos.

El país entero lo conocía.
Lo querían.
Lo deseaban.

Pero Rebeca no tenía idea de quién era.

Para ella, solo era otro rico estorbando.

Caminó hacia el pasillo donde tenía que pasar, pero una caja enorme obstruía el camino. Rebeca la empujó un poco para abrirse espacio.

Un asistente solto una queja, pero antes de que pudiera hablar, Izack volteó.

Sus miradas se cruzaron.

Y lo primero que pensó él fue: ¿Quién demonios empuja el equipo así?
Lo primero que pensó ella fue: Ay, mira qué lindo... pero se nota que es insoportable.

—¿Puedes no mover eso? —dijo Izack, con una voz fría y seria, la de alguien acostumbrado a que le obedezcan sin preguntas.

Rebeca lo miró de arriba abajo.
—¿Puedes no bloquear una calle donde vive gente? Aquí también pasamos, ¿sabes?

Los asistentes se quedaron en silencio.
Nunca nadie se habia atrevido a hablarle asi a Izack Larrea.

Él arqueó una ceja, sorprendido.
—Estamos trabajando. ¿Puedes rodear como todos los demás?

Rebeca chasqueó la lengua.
—No tengo por qué rodear nada. Esta calle no es tu pasarela de modelaje.

Izack soltó una risa suave, incrédula.
—Claro... barrio. —Lo dijo con un tonito que hizo que a rebeca le doliera la cabeza.

—¿Qué dijiste? —preguntó ella, acercándose un paso.

—Nada que no sea cierto —respondió él, sin bajar la mirada.

Ella apretó los dientes.
—Pues tu "verdad" aquí no sirve, guapo. Si van a venir a "ayudar", mínimo no estorben el paso peatonal.

Izack escuchó el "guapo", y lo notó... pero también escuchó el veneno abajo.
Y le picó más de lo que quería admitir.

—Si quieres pasar —dijo levantando el mentón—, espera a que terminemos, y rodea como todos los demás.

—Si no te haces a un lado —contestó ella—, voy a pasar de todas formas.

Sus miradas chocaron fuerte, tensas.
Ninguno cedió.
Ninguno pestañeó.

Y ahí, en medio de esa calle que no era de él y que sí era de ella... nació una chispa.
Molesta.
Incómoda.
Peligrosa.

Una chispa que iba a cambiarlo todo.

A la mañana siguiente rebeca penso que Izack Larrea junto a su equipo ya se habian ido.

Pero no era asi.

Habian rumores de que se quedarian casi 3 meses o más haciendo su "remodelación", aunque lo unico que Rebeca veia es que no estaban haciendo absolutamente nada, solo estorbar.
Y hacer ruido.
Mucho ruido.

Ese día, mientras iba camino a la tienda, escuchó otra vez ese montón de voces, cámaras y risitas falsas. Rebeca rodó los ojos tan fuerte que casi se le caen.

—Como chingan estos... —murmuró.

Al llegar a la esquina vio la razón del alboroto: Izack estaba parado frente a una casa grafiteada, con un casco blanco que claramente ni sabía usar, fingiendo revisar planos que ni entendía. Tenía a cuatro cámaras encima y a un fotógrafo diciendo:

—Perfecto, Izack, mira hacia arriba... eso, eso...
—Ahora una sonrisita natural, como si de verdad quisieras ayudar...

Rebeca casi se ríe.
¿Natural? Ese tipo de sonrisa la habia visto un millon de veces, en cenas familiares de parte de su padre, por ejemplo.

Trató de pasar rápido, pero esta vez no había cajas en el camino... había cables por todos lados. Y obvio, nadie pensaba levantarlos para que la gente que vivía ahí pudiera caminar como personas normales.

—Con permiso —dijo ella, levantando un cable para poder pasar sin accidentes.

Pero una voz familiar la alcanzó.

—¿Otra vez tú? —preguntó Izack.

Rebeca se detuvo. Cerró los ojos un segundo. Que no sea conmigo, que no sea conmigo...
Pero para su pesima suerte, si era con ella.

Se volteó despacio.
—¿Qué?

Izack se acercó un poco. No demasiado, solo lo necesario para parecer importante.
—Estás cruzando por el área de trabajo.

Ella alzó una ceja.
—Es mi calle. Tu "área de trabajo" es por donde paso a diario, por si todavia no te queda claro.

Él respiró hondo, como si necesitara paciencia extra.
—Solo digo que tengas cuidado. No te vayas a caer.

Ella soltó una risa cortita.
—No te preocupes, modelo. Estoy acostumbrada a caminar entre cosas tiradas. No todos nacemos en alfombras rojas.

Los asistentes hicieron un leve "uuuuh".
Izack los miró de reojo para que se callaran.

Rebeca ya iba a seguir su camino cuando él dijo algo más:

—Oye.

—¿Ahora qué?—preguntó sin voltearse del todo.

—Ayer no contestaste algo —dijo él, cruzándose de brazos—. ¿Quién eres?

Ella volteó ahora sí, con una expresión que decía "¿es neta?".
—La persona que vive aquí. Ya con eso te debería bastar.

Izack la observó, casi con curiosidad.
Como si no entendiera cómo alguien tan... normal podía hablarle sin miedo.
Como si fuera un misterio.

Pero ese momento se rompió cuando uno de sus productores gritó:

—¡Izack, ven! Vamos a repetir la toma!

Él desvió la mirada.
Rebeca aprovechó para irse.

Mientras avanzaba, pensó:
¿Quién me creo para hablarle así?
Y al mismo tiempo:
¿Quién se cree él para interesarse en mi?

Pero no sabía que Izack, mientras lo maquillaban otra vez, estaba pensando exactamente lo mismo sobre ella.

Y que cada día que pasara ahí... iba a preguntárselo más.

Entre su mundo y el mio Stories to obsess over. Discover now