Capitulo 1-La llegada

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Caraguatá un pueblo un tanto pequeño. Algunas casas estaban ligeramente juntas por eso casi todos se conocían entre sí, conocían el nombre, la historia y hasta las deudas de los demás, la vida giraba alrededor de dos cosas: la plaza y la iglesia. La primera servía de punto de encuentro cotidiano; la segunda, aunque no estaba llena todos los días, seguía siendo el centro moral y el lugar donde tarde o temprano todos terminaban pasando. Ahí se reunían, ahí rezaban, y ahí también corrían los chismes que después recorrían las calles empedradas más rápido que cualquier colectivo.

 La iglesia, a pesar no se llenaba a diario, bastaba con una fiesta patronal o una boda para que todos aparecieran, algunos por fe, otros por costumbre, y la mayoría para ver quién iba con quién, pero claro todos tenían sus creencias compartidas respecto a la religión y la época. El murmullo después de misa era tan esperado como la homilía. Las eran casi extremos para la gente más veterana que aún tenía ciertos pensamientos mucho más pasados. La iglesia estaba ubicada un poco alejada del pueblo, solo a unos 10 metros de distancia del pueblo {que no es mucho} Estando más para lado del campo y del bosque que rodeaba los alrededores en general.

 Esa tarde, a las 1 y algo de la tarde, el sol caía sobre el jardín de la iglesia, iluminando las rosas rojas que crecían cerca de la verja. El aroma húmedo del pasto recién regado se mezclaba con el incienso viejo que siempre parecía impregnado en las paredes. La joven monja Natali, con el hábito remangado hasta la mitad del antebrazo, regaba con paciencia  las flores. Mientras dejaba correr el agua sobre un par de hortensias pálidas, oyó pasos detrás de ella. No levantó la vista enseguida: Conocía el ritmo cansado y firme que se acercaba. Cuando finalmente se volteo, lo vio aparecer entre los arbustos. Era el padre Lorenzo. 

A sus más de cincuenta años, caminaba con una leve rigidez en la rodilla izquierda que delataba un dolor antiguo. Su cabello, que alguna vez fue espeso y oscuro, ahora se mezclaba en tonos grises que le cruzaban las sienes como ramas secas. Sus ojos, sin embargo, seguían siendo claros y atentos, capaces de ver más de lo que admitía.

--Hermana Natali....-- Saludó con una inclinación leve.

--Padre Lorenzo.-- Respondió ella, apagando el chorro de la manguera-- ¿Necesita algo?-- Pregunto curiosa

Él se acercó unos pasos más, observando cómo el agua formaba pequeños ríos entre las baldosas del jardín.

--Vine a avisarle que debemos prepararnos para recibir a alguien....-- Dijo con tono contenido

Natali ladeo la cabeza

--¿A alguien?--

El padre acomodó la cruz pequeña que colgaba de su cuello.

--Un sacerdote suplente.--Explicó finalmente-- Llegará hoy por la tarde. Lo enviaron desde la diócesis.--

--¿Tan pronto encontraron reemplazo?-- Preguntó Nati

 Evito mencionar al padre Ernesto, cuya desaparición reciente aún era un tema del que nadie quería hablar abiertamente.

--Parece que si.--Contesto Lorenzo de forma breve

--¿Sabe algo de él?--

El padre Lorenzo negó con suavidad.

--Solo me dijeron que acepto a venir sin hacer demasiadas preguntas. Lo demás... lo sabremos cuando llegue...--

Natali dejó la manguera sobre el piso húmedo y se limpió las manos en el hábito.

-- ¿Quiere que prepare una habitación?--

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