La lluvia caía con una insistencia casi ritual sobre Northel High, como si el cielo intentara advertir que algo estaba a punto de romperse. O abrirse.
Aria Vesper avanzó entre los pasillos húmedos con el abrigo empapado y el corazón acelerado. Nunca le había gustado la sensación de ser observada... pero aquella mañana, esa sensación ardía como un dedo helado recorriéndole la columna.
No era solo paranoia.
Ella lo sabía.
Su secreto lo sabía.
Un susurro en el viento la llamó por su nombre.
—Aria... —fue apenas un eco oscuro, un aliento que no debería tener voz.
Ella apretó los labios y caminó más rápido. Nadie podía saberlo. Nadie debía saberlo: ni su hermana Seraphine, ni sus amigas. Ni siquiera ella entendía qué era exactamente aquello que le quemaba la sangre cuando el peligro estaba cerca.
Pasó frente a una ventana y creyó ver algo.
Una sombra.
Grande.
Con ojos rojos, observándola desde el bosque detrás del colegio.
Parpadeó. La sombra desapareció.
—Genial, Aria, ya estás loca —murmuró mientras empujaba la puerta del aula.
⸻
En la clase de Historia Mundial, Seraphine Noir estaba sentada con la espalda recta y los labios sellados. Siempre parecía envuelta en un aura nocturna, como si la oscuridad la reconociera aunque ella no quisiera admitirlo.
—Llegas tarde, hermana —susurró sin levantar la voz.
—La lluvia —mintió Aria.
Seraphine la observó con sus ojos plateados, demasiado perceptivos.
Demasiado peligrosos.
Pero no dijo nada.
Elara Wynn saludó con una sonrisa cálida, con ese brillo natural que hacía que la sala se sintiera menos pesada. Kaia Morrigan, a su lado, se ajustó la chaqueta negra; misteriosa, sensual, con un aura que parecía bailar entre luz y sombra.
—Llegaron ellos... —murmuró Kaia, clavando la mirada en la puerta.
Elara perdió el color del rostro.
Seraphine tensó la mandíbula.
Aria sintió su corazón detenerse un segundo.
La puerta se abrió.
Ellos entraron.
No estudiantes.
No humanos.
No comunes.
Los nuevos.
Los cuatro.
Zayden Crowe entró primero.
Arrogancia pura. Oscuridad envuelta en una sonrisa apenas marcada. Sus ojos encontraron los de Aria.
Y ella sintió calor.
Él sonrió como si la hubiera estado esperando.
Tras él, Malthus Kaelar.
Frío. Silencioso. Atrapado en un misterio antiguo. Sus ojos se posaron en Seraphine como si la reconocieran de vidas pasadas.
Después, Kael Draven.
Hermoso de un modo inquietante, tan letal como una promesa rota. La mirada que le dedicó a Elara la dejó sin respiración.
Y él... no apartó la vista.
Por último, Hyden Nox.
Sombrío. Silencioso. Con una presencia que hacía vibrar el aire. Sus ojos se clavaron en Seraphine y ella sintió... algo.
Algo romper.
O nacer.
Los cuatro caminaron por el aula como si el lugar les perteneciera.
Pero Northel High no era su territorio.
Aún no.
Ellos habían venido desde la Academia Blackthorne, desde un mundo que las chicas ni siquiera sabían que existía.
Y habían venido por ellas.
Aunque ninguna lo supiera todavía.
Porque ese día, en medio de la lluvia,
el Infierno llegó a Northel High.
Y nada volvería a ser igual.
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Hijos del infierno libro #1 el despertar de las sombras
Non-FictionAria Vesper, Seraphine Noir y Kaia Morrigan siempre creyeron ser humanas... hasta que un ataque sobrenatural despierta lo que llevan dentro: sangre demoníaca. La única excepción es Elara Wyn, cuya presencia brilla como una anomalía imposible en medi...
