Capítulo 1:

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Publicado originalmente en AO3, en inglés.


Irreconocible


Mis manos… no, no son mías. Son más grandes y huesudas, con dedos que se estiran más de lo que mi mente espera. El aire que roza mi piel se siente distinto, frío, demasiado denso y como si tuviera otra sustancia mezclada con él. Miro a mi alrededor, y todo parece ajeno: no estoy en mi cuarto, ni en mi cama, ni siquiera en algo reconocible. Entonces… ¿dónde estoy?.

El escalofrío sube por mi espalda, alertandome.

Abro los ojos y la luz me golpea.

Mis párpados tiemblan al intentar abrirlos del todo. Las sábanas huelen raro, a un jabón fuerte y madera húmeda, un olor tan distinto que me hace retroceder un instante, confundiéndome más. Intento mover las manos, y entonces descubro lo imposible: los dedos no me responden como yo quiero. Se mueven, pero torpes, lentos y como si fueran ajenos a mi mente. Intento cerrar el puño, flexionar la muñeca… y cada movimiento me parece un desafío imposible.

Siento un vuelco en mi pecho y estómago.

Mis piernas… largas y delgadas. Cada intento de levantarlas del colchón es un choque con la gravedad que no reconozco. Los brazos… rígidos, con músculos que siento, pero que no sé cómo controlar. ¿Qué está pasando?

Miro la habitación con desesperación. Muebles que no reconozco, cortinas que no recuerdo, un reloj en la pared que late como si tuviera un corazón propio. ¿Estoy soñando? Esto debe ser un sueño. Pero es demasiado real.

Intento incorporarme, pero el cuerpo no coopera. Cada movimiento es torpe y descoordinado. Tropiezo con mis propios pies, pierdo el equilibrio antes de siquiera ponerme de pie. Mi centro de gravedad es extraño. Mis manos temblorosas buscan apoyo: la colcha, el borde de la cama, cualquier cosa para no caer.

El miedo me invade de golpe. Mi corazón late tan fuerte que siento cada golpe en la garganta y los oídos. La voz que intento formar… no es la mía. Grave, áspera y ajena. Esa… esa soy yo hablando, no puedo reconocerme.

Intento gritar, balbucear, decir algo que me haga sentirme presente, pero las palabras se deforman. Cada sonido que emite este cuerpo ajeno me recuerda que no estoy dentro de mi propia piel, que todo lo que siento y hago está filtrado por algo que no conozco. Las lágrimas brotan, incontenibles, mientras intento, una vez más, moverme y comprender la física de este cuerpo que no entiende mi intención.
Me detuve abruptamente cuando escuché el chirrido de una puerta abrirse.

El sonido cortó mi respiración, como si me hubieran despertado de golpe dentro del mismo sueño. Levanté la mirada, y entonces me quedé congelada al ver varios perros entrar corriendo en la habitación.

Eran grandes, de pelaje espeso y movimientos torpes, y afortunadamente amistosos. Sus patas golpeaban el suelo con entusiasmo y sus colas se agitaban en todas direcciones. Olfateaban el aire, la cama, las sábanas e incluso mis manos. Uno de ellos apoyó el hocico sobre mi pierna, cálido, húmedo, y yo di un respingo. El contacto me sobresaltó. No era miedo exactamente…

¿Qué está pasando? ¿De dónde salieron estos perros?

Mi cuerpo reaccionó solo: los músculos se tensaron, el pulso se aceleró, y sentí que la respiración se me enredaba en el pecho. No entendía nada. ¿Por qué estaban ahí? ¿De dónde habían salido? ¿Dónde demonios estaba yo?

Liminal [HANNIBAL TV]Where stories live. Discover now