Imagina que tu mundo es una mentira y que nada es real, como te sentirias?
Sientate y empesemos desde el principio..
Noli despertó antes que el sol.
A veces sentía que el amanecer lo esperaba a él, no al revés.
Abrió los ojos sin sobresaltos, con esa calma de quien ha aprendido a convivir con el insomnio.
El cuarto aún estaba a medias entre la sombra y la luz, y el reloj marcaba las 6:29.
Sonreía siempre cuando veía ese número. Nunca 6:28. Nunca 6:30.
Siempre exacto. Siempre igual.
El olor a café lo recibió desde la cocina, como un abrazo automático.
El vapor subía en espiral, y por un segundo, pensó que no recordaba haberlo preparado.
Pero el pensamiento pasó rápido, como si su mente misma lo empujara a no pensar demasiado.
"Las cosas pequeñas son las que sostienen el mundo", se decía siempre.
Y con eso bastaba.
Afuera, la ciudad despertaba en sincronía.
Los mismos pasos, los mismos saludos, el mismo perro que ladraba en la esquina.
Drevan era así: un lugar donde la vida no daba sorpresas.
Y a Noli, en el fondo, eso le gustaba.
La calma, la rutina, el silencio predecible de las calles.
Lo hacían sentir que pertenecía a algo, aunque no supiera exactamente a qué.
Esa mañana, como tantas otras, se encontró con Kara.
Ella llevaba el cabello suelto y los auriculares puestos. Caminaba bailando un ritmo que solo ella podía oír.
—Buenos días, dormilón —le dijo sonriendo.
—Te juro que no dormí nada —respondió él.
—Eso dices todos los días, y aún así llegas antes que yo.
—La costumbre puede más que el cansancio.
Ella rió, y esa risa —ligera, viva— fue lo más real del día.
Noli se dio cuenta de que la miraba más de lo necesario, y desvió la vista hacia el suelo.
El cielo estaba tan claro que parecía recién estrenado.
Los amigos del tren
El tren de las 7:45 tenía su propio ritual.
Elian, como siempre, se quejaba del sueño.
Kara dibujaba en su libreta con una intensidad indescrictible, sera que la libreta le hizo algo? .
Rho leía su viejo libro de tapa gastada.
Y Noli miraba por la ventana, intentando encontrar algo diferente allá afuera.
—¿Qué lees tanto, Rho? —preguntó una vez, más por costumbre que por curiosidad.
—El eco del mundo —respondió sin levantar la mirada.
—¿Y de qué trata?
—De un hombre que no se da cuenta de que está solo.
—Eso suena triste.
—A veces la tristeza es lo más real que tenemos.
Noli no supo qué decir.
Kara, como para romper el aire tenso, le lanzó una manzana.
—¡Despierta, filósofo! —rió.
Él atrapó la fruta en el aire y le devolvió la sonrisa.
Era uno de esos momentos simples que se sienten eternos.
El tren siguió su marcha.
El paisaje se repetía como una fotografía que alguien olvidó cambiar.
Casas ordenadas, árboles perfectos, el mismo perro que corría tras las ruedas.
Pero Noli no lo notaba.
Para él, la vida era simplemente eso: una repetición amable, una secuencia de días que parecían iguales, pero que guardaban pequeñas diferencias que nadie más veía.
El trabajo
El Departamento de Sistemas tenía un olor particular: mezcla de electricidad, papel nuevo y café recalentado.
A Noli le gustaba llegar antes que todos.
Disfrutaba ese silencio previo al ruido de los teclados.
Le recordaba a cuando era niño y se escondía para mirar cómo despertaba el mundo.
Su compañera, Alyne, llegó poco después, como cada día, con el cabello recogido y una sonrisa que le daba vida a la oficina.
—¿Ya revisaste los reportes de anoche? —preguntó.
—Casi. Hay un par de errores, pero nada grave —respondió él.
—Nada grave. Siempre dices eso.
—Y siempre tengo razón, ¿no? —dijo, sonriendo apenas.
—Por ahora.
Esa fue una de esas conversaciones que parecían simples, pero que dejaban un eco en el pecho.
Había algo en Alyne que lo desarmaba.
Su forma de hablar, o quizás su manera de mirarlo como si realmente lo viera, más allá del uniforme, más allá de la rutina.
A veces pensaba que ella sabía cosas que él no.
Esa noche, al llegar a casa, Noli no encendió las luces.
Se quedó un rato mirando por la ventana, viendo cómo la ciudad se apagaba y encendía en su orden perfecto.
Sintió que el mundo respiraba con él, al mismo ritmo.
Y aunque no entendía por qué, eso le dio miedo.
