Capítulo 1: Luces, cámara y... Convivencia?

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El dron sobrevolaba la mansión mientras el sol comenzaba a caer detrás de los árboles. En la pantalla del monitor, el productor asintió satisfecho: el reflejo dorado en los ventanales era justo lo que querían para la primera toma. La voz de la presentadora resonó con ese entusiasmo cuidadosamente ensayado:

La cámara giró en un movimiento lento, casi teatral, hacia la entrada principal. Las puertas se abrieron.

-Bienvenidos a Enfocados: La Mansión del Encadre. Veintiún jóvenes talentos, un solo objetivo: demostrar quién tiene la mirada capaz de cambiarlo todo.

Primero entró Sandra, con su cámara colgando al cuello y un gesto de incredulidad en el rostro. Había visto mansiones en películas, pero estar dentro de una, sabiendo que todo sería grabado, la hizo dudar de si debía sonreír o esconderse detrás del lente.

Luego llegó Kevin, arrastrando su maleta y saludando con una seguridad que parecía natural, aunque todos sospecharían más tarde que era solo una pose.

Detrás de ellos, el resto del grupo se fue dispersando: algunos grababan stories, otros exploraban los salones inmensos, y unos cuantos ya discutían sobre quién dormiría en qué habitación.

El aire olía a madera nueva y a nerviosismo.
En la sala principal, una pantalla gigante mostraba las reglas:

Todos los días serán grabados.

Cada semana habrá un reto creativo.

Un participante será eliminado.

No hay guion. Solo sus miradas.

Los 21 se quedaron en silencio. Nadie habló durante varios segundos. La cámara del programa se acercó al rostro de cada uno, captando desde sonrisas forzadas hasta respiraciones contenidas.

Enya levantó su cámara y tomó una foto del grupo. Nadie lo notó, pero en esa imagen -con las luces, las sombras, las caras tensas- estaba ya escrita toda la historia.

El sonido de una campana marcó el inicio oficial del reality.
El reality donde no solo se competiría por un premio, sino por una identidad, por ser vistos, por dejar una huella más allá del encuadre.

-Luz, cámara... convivencia -dijo alguien en voz baja, riéndose.

Pero nadie respondió. Afuera, las cámaras del dron seguían grabando.
Dentro, las máscaras comenzaban a caer.

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