CAP 1-Reencuentro bajo la heladería

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La noche era húmeda, densa, cargada de luces de neón que se reflejaban en los charcos de la acera, cada paso que daba hacía que mis botas chapotearan suavemente, pero no me importaba el agua. Todo en ese momento parecía conspirar para nosotros: la humedad pegada a la piel, la luz parpadeante de los letreros de heladería y bares, la ligera neblina que subía del asfalto. Caminé hacia él, y ahí estaba, apoyado en su coche negro, esa silueta que recordaba perfectamente, como si el tiempo no hubiera pasado. Las manos en los bolsillos, la espalda recta, la mirada calculadora y un leve esbozo de sonrisa que mezclaba arrogancia con diversión contenida.

Cruzando los brazos, lo observé un momento, disfrutando de cómo su expresión se tensaba ligeramente, cómo sus ojos intentaban leerme, calcularme.

—Vaya... —dijo con voz baja, casi ronca, una mezcla de sorpresa y diversión—. Creí que habías desaparecido.

—Tal vez lo hice —contesté, con un tono que sabía que lo desconcertaría—. Pero volví... y sigo reclamando lo que es mío.

Él arqueó una ceja, intentando aparentar calma mientras su mandíbula se tensaba apenas, y su respiración se aceleraba levemente. Cada gesto suyo era un indicio de lo mucho que la situación lo desarmaba, aunque él quisiera fingir que nada pasaba.

—Estoy soltero —dije, con aire despreocupado, midiendo su reacción—. No hay nadie en casa.

Antes de que pudiera abrir la boca, añadí con un gesto hacia mi edificio cercano:
—Mi madre está llevándose unas sábanas. La puerta está abierta.

Él arqueó una ceja y una sonrisa ladeada apareció en su rostro:
—Eso suena a excusa barata.

—No lo es —dije, acercándome un paso, dejando que el espacio entre nosotros se cargara de tensión—. Algunas estaban manchadas y mi madre se llevó las demás que no.

—¿Manchadas? —preguntó, juguetón, el tono desafiante y casi burlón.

Sonreí, disfrutando su resistencia. Caminé un paso más cerca, y cuando él menos lo esperaba, me acerqué a su oído y susurré:

—De mi salsa especial.

Él tragó saliva, bajando la mirada un instante, su respiración más rápida que antes.


—Siempre con tus... salsas especiales... ¿no podías simplemente lavarlas? —murmuró, intentando mantener la compostura, pero sus ojos brillaban traicioneros.

—Te he puesto nervioso, ¿ehhhh...? —me alejé un poco, cruzándome de brazos, con una sonrisa traviesa—. He pintado la casa y algunas de las sábanas quedaron manchadas de pintura roja.

Él se acercó al coche, mirando su reflejo en la ventanilla, un suspiro escapó entre sus labios:
—Mis ojos serán traidores, pero tú eres peor... provocándome así —dijo, murmurando, aunque sabía que yo escuchaba.

Perspectiva de Theo

Me mordía el labio, tratando de aparentar indiferencia, pero cada palabra suya me atravesaba. Intentaba resistirme, burlarme, mantener el control, pero era imposible. Mi corazón latía acelerado, mis manos temblaban ligeramente, y sentía cómo la tensión entre nosotros se volvía casi insoportable. Cada gesto suyo, cada suspiro, cada mirada penetrante me hacía desear más de lo que quería admitir.

Jugaba a provocarlo, a desafiarlo, moviendo la cabeza de lado, riendo suavemente mientras decía con tono juguetón:
—Vaya... sigues siendo el mismo pesado de siempre, ¿eh?

Él arqueó una ceja, una sonrisa curva apareciendo en su rostro, pero sus ojos me delataban.

—Sí, y sigues igual de... provocador —dijo con un hilo de voz, intentando mantener la autoridad mientras mi juego comenzaba a afectarlo.

Perspectiva de Lucas

—Vamos a por un helado —dije, suavizando mi tono, intentando marcar un pequeño desafío—. Invito yo, pero quiero algo a cambio. Un beso donde quieras.

—¿Y si no quiero? —respondió él, fingiendo despreocupación, pero había un ligero temblor en sus manos.

—El dominante soy yo —contesté, acercándome un poco más, disfrutando cómo su respiración se aceleraba—. No te hagas ideas.

Finalmente, cedió y me dio un beso rápido en la mejilla. Intentó empujarme contra la pared después, como en un juego de fuerza, pero siendo más alto y fuerte, lo separé suavemente:


—Suficiente. Vamos por el helado.

Caminamos hacia la heladería. Él no dejaba de intentar provocarme, con sus gestos, su mirada, incluso con pequeñas risitas entre dientes:


—¿Otra vez de dominante? —susurró. Esto me llevó a girarme y  meterlo en un callejón—

Shhhh... me has cabreado —dije, disfrutando cada segundo en que intentaba resistirse mientras la tensión crecía entre nosotros.

Él intentó desafiarme de nuevo, cruzando los brazos, moviendo la cabeza, pero sus manos temblaban, su respiración se aceleraba y su mirada brillaba con emoción contenida.

—Eres un pequeño hijo de puta... lo único que quieres es que te folle el culo y que me vaya, ¿verdad? —le dije, bajando la voz, rozando su cuello con mis dedos.

Ajusté su ropa suavemente, el murmuró en mi oído:

—Qué boca sucia tienes... y tú también me deseas, no lo niegues.

—Cállate —dije, apretando la mandíbula, rojo, nervioso—.

Dangerous LoveWhere stories live. Discover now