Una de mis primeras memorias es ver una flor en la palma de la mano de mi madre. Mi hermano y yo le pedíamos todo tipo de figuras y ella las transformaba, eran transparentes y delicadas cuando cerraba la mano estas figuras se volvían nada, recuerdo pensar en su magia como algo bello. Las ondas de aire que hacía revolotear mi pelo se sentían como caricias suaves que hacían cosquillas. Mientras ella cuidaba mi hermano pequeño yo vigilaba pegada a su corral todo el tiempo, siempre me llamó la atención sus pequeñas manos tan parecidas a las mías pero tan diminutas mi mamá se reía y decía que las mías igual eran pequeñas pero yo las veía normales. No sabía por qué pero desde ese entonces, sentía que tenía que cuidarlo, como una especie de unión que hacía que sintiera el peligro cerca. Por supuesto en ese momento no sabía que tan cerca estaba.
En las tardes mi padre llegaba oliendo a sol y a madera, su trabajo era cansado pero nunca lo demostraba, no lo veía cuando era mi turno de correr a sus brazos y él siempre preguntaba lo mismo.
—Pequeño copito. ¿Cuidaste de Caleb hoy?
asentía entusiasmada —¡si!
— Bueno, hoy hay un regalo para ti copito — volteaba a ver a mi madre quien negaba con la cabeza y decía— Prometo que es el último.
Ella rodaba los ojos, pero veía ese intercambio con una mirada luminosa. Mi padre extrajo de su abrigo una barra de chocolate. Yo salte emocionada.
—Renn te hago entrega de la última barra que queda en el mundo. — hacia una reverencia mientras me la tendía.
La agarraba con mucho cuidado porque tal vez no fuera la última del mundo pero ya no me comprarían mas al menos en un largo tiempo. La desenvolvía comenzando a oler la escencia que emanaba dulce de su envoltura, le quitaba todo hasta que quedaba el chocolate dividido en tres partes. Partí una y se la tendí a mi madre
—Pero que amable.
Le tendí la suya a papá y me gane una sonrisa. —Tienes un buen corazón copito.
Me sacudió el cabello, y preparándome para darle un bocado mi madre me detiene con un carraspeo
—No querrás comer eso antes de la cena. ¿Verdad?—me mira sospechosamente.
—¿No?
Negó — Ve a lavarte esas manos Renn, al final nos comeremos el postre con un vaso de leche ¿A qué si?
Asentí múltiples veces sonaba más delicioso. Regrese la barra a su envoltura y salí corriendo hacia las llaves de agua. En el umbral de la puerta la noche me envolvio, mirando al cielo ví todas esas estrellas brillando arriba en lo alto. Mientras me lavaba mis manos el aire corría haciendo crujir las ramas de los árboles, disfrute de ese aire que olía a noche despeinando mi cabello.
Pero de pronto sentí un cambio, sutil pero lo note cuando se me erizaron los brazos. Sentía que algo, algo grande y oscuro. Me estaba viendo. Voltee hacia atrás y no ví nada, solo la negrura que se perdía más allá, mi curiosidad quería buscar con más ahínco pero al mismo tiempo tenía encontrar algo así que cuando una rama crujió a mi derecha, cerré la llave y me fui corriendo a casa. Cerrando la puerta la sensación desapareció pero seguia asustada.
—¿Que pasa Renn?— mi papá pregunta al verme asustada.
—Me dió miedo estar afuera.—dije tratando de calmarme.
El sonrió comprensivo —No pasa nada copito a veces también me daba miedo cuando era un niño la oscuridad, pero tú abuela siempre decía qué está bien tenerlo, por qué te mantiene alerta de los peligros, pero pequeña ahora estas en casa..
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El Ultimo Elemento: aire
Science FictionEn un mundo dividido por los cuatro clanes -Fuego, Agua, Tierra y Aire-, cada alma nace marcada por el poder que el destino le concede. Pero Rem, a sus catorce años, sigue esperando una marca que nunca llega. Hasta que una noche en el lago de Éter...
