Las luces se apagaron.
—Y... ¡comenzamos! —exclamó el director, dando una palmada seca.
Clara, la madre de la protagonista, frunció el ceño al sentir la luz blanca apuntándole directo al rostro.
—¿Por qué nos entrevistan con una luz así, director? —preguntó, mirando incómoda a su alrededor.
—Disculpe la molestia, señorita —respondió él con una sonrisa profesional—. Este tipo de entrevistas se graban y se archivan.
—¿Archivar? ¿Para qué exactamente?
—En caso de que el estudiante deba mudarse antes de finalizar el año, cosa bastante común aquí, el archivo se transfiere a otra institución como beneficio académico.
Clara asintió, aunque la explicación no disipó del todo su incomodidad.
—Si no le molesta, comenzamos —añadió el director—. Acomódense, por favor.
Las preguntas que siguieron no fueron normales. Eran demasiado específicas, demasiado personales. Clara empezó a sospechar que aquel colegio ocultaba algo más de lo que mostraba.
Aun así, al final de la entrevista, el director dio su aprobación.
—Será un gusto recibir a su hija. Mañana martes puede comenzar —dijo, estrechando la mano de ambas.
La mañana había despertado con un cielo encapotado y una ligera brisa que movía los árboles. Luz estaba todavía en la cama cuando su madre la llamó por tercera vez:
—¡Luz! ¡Levántate! ¡Si no sales ahora, vas a llegar tarde al primer día!
Luz se removió entre las sábanas, bostezando y estirando los brazos, con el cabello enmarañado.
—¿Primero... desayuno, luego colegio? —preguntó con voz apagada.
—¡No hay tiempo para juegos! —respondió Clara, la madre—. Además, ya sabes que este colegio es estricto con la puntualidad.
Luz suspiró. No era la primera vez que mudarse de ciudad le hacía sentir que perdía el control de su rutina. Cada caja sin desempacar, cada calle desconocida, cada nombre nuevo era un recordatorio de lo frágil que podía ser su mundo. Se levantó y comenzó a vestirse, mientras su madre le preparaba un desayuno rápido.
—¿Un mes... solo un mes aquí? —preguntó Luz, intentando sonar despreocupada—.
—Eso dijo el director —respondió Clara, sirviendo el café—. Pero no podemos saber exactamente cómo irá todo. Solo intenta acostumbrarte.
Luz asintió, aunque sus pensamientos giraban en otra dirección: ¿qué haría si no encajaba? ¿Si todo este esfuerzo fuera en vano?
—Qué aburrida tenés que estar para joderme la vida —refunfuñó Luz desde su cuarto—. ¿Dónde está mi ropa? En serio, qué mierda...
—No hables así. Vení a desayunar —respondió Clara—. Decime... ¿vas a aguantar hasta que me contraten? El colegio no es barato, y esto es temporal.
—¿Temporal cuánto? olvide lo que dijiste—preguntó Luz, con ironía.
—Un mes aproximadamente.
—¡¿Un año?! —se burló.
—Sos una perra —dijo Clara, lanzándole migas de pan.
Rieron juntas. Era su forma de resistir.
Luz salió apurada rumbo al colegio, sin saber que ese día marcaría su destino.
Al salir de la casa, la brisa fría la hizo estremecerse. Caminaban hacia la entrada del colegio, y entonces apareció la figura de una anciana, con un sombrero desgastado y ojos intensos.
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Hay un parásito en mi colegio
Mystery / ThrillerEntre los suburbios se encontraba un peculiar colegio en donde la jerarquia lo era todo, un chisme, una mancha infecciosa en tu reputación. Luz la protagonista se verá obligada a actuar por su cuenta si quiere sobrevivir un día más en esta pesadilla...
