Era un odioso día de verano en el que yo estaba cansado, agotado, en el parque. Más moreno que nunca, y mis pecas, casi no se notaban. No sé cómo acabé allí, pero lo único que se es que en ese momento conocí a mi primer amigo :Paul. Paul era un chico, con pelo marrón, una piel blanca como la nieve, y sus ojos inconfundibles, interesantes y únicos en su especial especie : naranjas. Que me hacían un cosquilleo dentro de mi interior del cual no estaba acostumbrando a sentir. Que me hacia estar en otro mundo. Creo que eso fue lo que me dio la confianza suficiente para conocer-lo. Al principio solo hablaba el, que si eso, o si lo otro... Pero a poco a poco el se dio cuenta de que a mí eso no me importaba nada. Mientras él hablaba sobre, bueno... Lo que fuera, mi cerebro pensaba con cual serie de Netflix podía ver cuando llegara a casa. Antes de que me diera cuenta , me cogió la mano bruscamente. Yo me quedé en blanco, no me esperaba esa situación, y obviamente me sonroje. De repente, note su mano suave como la seda, me encantaba ese tacto tan único que tenía y que me enamoraba mas de lo normal. Estaba a gusto, con el, me siento feliz, me siento que estamos predestinados. La música del silencio mezcladas con nuestras pisadas era lo único que se escuchaba, i realmente me encantaba.
-¿Que te gusta hacer?- pregunto en un hilo de voz avergonzado.
-Cantar y leer-explique al instante.
-¿Cantante favorito?- se giro.
-Aitana- volvió a girar-se, parecía un carrusel. Se quedo en silencio, como si no le gustara mi elección, como si Aitana fuera la peor opinión, se volvió todo incomodo. Era de noche, pero aún se notaba algún rayo de nuestro sol, las farolas brillaban pero con poca intensidad. Cuando llegamos, a la colina, a donde se veía todo el pueblo, se tiró al suelo. Yo hice lo mismo. Creo que fue por puro instinto. Note la hierba debajo mi cuerpo, la brisa chocando lentamente con mi cara, los diversos sonidos de mi ecosistema: pájaros cantando secretos a la luna, las hojas bailando y la estrellas que nos iluminan nuestros caminos lo suficiente para saber qué está bien y qué está mal. Todo eso, era lo que me relajaba. Se giro hacia mi: -me gustan mucho tus ojos de color turquesa- decía mientras me quitaba un mechón que me tapaba uno.
-gracias- me subía un cosquilleo al ver sus ojos naranjas, que me volvía colorado-a mí me gusta mucho de ti...tus manos-.
-Coge una- explico el sin molestia.
-gracias...- susurré para que el escuchará lo justo, mientras notaba su piel suave, otra vez.
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Estamos desconectados -parte 1-
RomanceEneko nunca imaginó que un verano cualquiera cambiaría su vida para siempre. Bajo el sol del pueblo conoce a Paul, un chico de ojos naranjas que le enseña lo que es sentir por primera vez. Risas, canciones, noches bajo las estrellas... y un amor tan...
