🌿 Ramito de Violetas

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El tiempo no siempre pasa con ruido. A veces se desliza entre los días como el polvo que se posa en los muebles, imperceptible hasta que de pronto, te das cuenta de que lo cubre todo.

Así le ocurrió a Park Seonghwa. Despertaba cada mañana en una cama demasiado amplia, con el perfume de lavanda de las sábanas y el silencio donde antes solían estar las risas. Su esposo, Kim Hongjoong, ya se había ido siempre antes de que amaneciera, y regresaba mucho después de que el sol se ocultaba.

Era un alfa correcto. Trabajador. Responsable. Pero sus gestos habían perdido el calor, su voz la ternura, y su mirada aquella chispa de cuando se enamoraron. Había amor, sí, pero también había costumbre. Y la costumbre, cuando no se riega, marchita.

Por eso, la primera vez que Seonghwa recibió una carta, pensó que era una broma.

> “Tu voz me suena a viento cuando ríe entre los árboles.
Tu presencia, a lluvia en mitad del verano.
Si supieras cuánta vida devuelves solo con existir.”

Era una hoja de papel fino, escrita con tinta azul. No llevaba firma, pero venía acompañada de un ramito de violetas, tan pequeño y perfecto que Seonghwa sintió un nudo en la garganta.

Pensó en tirarlo. No quería problemas.
Pero el aroma era tan dulce, tan suave, que lo colocó sobre la mesa del comedor, justo donde solía sentarse Hongjoong.

Esa noche, cuando él llegó, el florero ya lo esperaba.

— ¿Flores nuevas? — preguntó el alfa, arqueando una ceja.

— Me las dejaron en la puerta — respondió Seonghwa, evitando su mirada.

— Hm. Bonitas.

Fue todo lo que dijo antes de encerrarse en su estudio.

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🕰️ Antes de las cartas

Seonghwa recordaba cómo había sido su vida al inicio con Hongjoong.

Ambos jóvenes, inseparables, riendo en cafés pequeños, haciendo promesas sobre futuros que parecían eternos.
Hongjoong era brillante, decidido, apasionado. Su amor era una tormenta: intensa, impredecible, pero llena de fuego.

Hasta que el trabajo, la presión y los años empezaron a desgastar esa chispa. Las discusiones eran pequeñas, pero constantes: sobre horarios, sobre comidas frías, sobre la falta de tiempo. Hasta que un día, sin decirlo, dejaron de hablar del todo.

Y Seonghwa, que siempre había sido luz, comenzó a acostumbrarse a la sombra.

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Las cartas siguieron llegando cada primavera. No todos los días, no con regularidad exacta, pero siempre en momentos en que el corazón de Seonghwa más lo necesitaba.

> “No hay distancia más triste que la de dos almas que se aman y no se tocan.”

“Si algún día mis palabras te llegan, ojalá sean un refugio y no una herida.”

Cada palabra era un soplo de aire fresco. Y poco a poco, Seonghwa empezó a recuperar algo que creía perdido: la ilusión. A veces se sonrojaba al leerlas, otras reía suavemente, y otras lloraba, sin saber por qué.

Hongjoong notó el cambio. Veía cómo su omega sonreía otra vez, cómo tarareaba mientras cocinaba, cómo se detenía frente a la ventana a oler las violetas. Y esa alegría le dolía, porque sabía de dónde venía.

De él mismo.

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Nadie lo habría creído, pero Kim Hongjoong, el alfa de rostro serio y voz firme, guardaba en el fondo del escritorio una caja llena de sobres vacíos. Escribía cada carta después de la medianoche, cuando el cansancio lo vencía pero la culpa lo mantenía despierto.

Había querido disculparse muchas veces, pero cada intento terminaba en silencio. Así que comenzó a escribir lo que no podía decir.

> “Te veo dormir y me duele el pecho de tanto quererte.
No sé cuándo me volví un desconocido, pero si alguna vez puedo regresar a ti, será con flores.”

Y así, cada primavera, dejaba un pequeño ramo en la puerta antes de ir al trabajo. Nunca esperó ser descubierto. Solo necesitaba que su amor llegara, aunque fuera disfrazado de otro.

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Una tarde, Seonghwa buscaba un libro en el estudio. El viento había abierto la ventana y algunas hojas se habían desordenado sobre el escritorio. Entre ellas, encontró una carta a medio escribir.

El papel era idéntico al de las cartas que recibía. La misma tinta, azul. Y la letra… Inconfundible.

Tembló. Leyó solo una línea, pero fue suficiente:

> “Esta será la última carta. Ojalá algún día me perdones por esconderme detrás de las flores.”

Sintió un nudo en la garganta, una mezcla de ternura y tristeza. No por el engaño, sino por la soledad que comprendió en esas palabras, por no haber notado que era su propio esposo el que tenía aquellos detalles con él.

Cuando Hongjoong regresó, lo encontró de pie junto al escritorio, con la carta en la mano.

— Eras tú — dijo Seonghwa con voz baja, pero firme.

Hongjoong cerró los ojos, sin atreverse a negarlo.

— No sabía cómo hablarte — confesó —. Me alejé tanto que solo supe encontrarte en las palabras. Perdí la costumbre de decir “te amo” sin que suene a disculpa.

Hubo silencio. Y luego, Seonghwa dio un paso hacia él, despacio.

— Podrías haberlo dicho.

— No sabía si querías oírlo.

— Siempre quise. Solo… Me cansé de esperarlo.

Las lágrimas llegaron sin aviso. Hongjoong, torpe, las secó con los pulgares, como si temiera romperlo. Por primera vez en años, sus manos volvieron a encontrarse.

Y en ese gesto, más que en mil palabras, algo volvió a florecer.

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Pasaron semanas. No hubo más cartas, pero las violetas nunca faltaron. Esta vez, las traía él mismo, sin esconderse.

Hablaron más. De lo que dolía, de lo que aún temían, de lo que quedaba por reconstruir. No todo fue fácil, pero el amor, cuando se reconoce en los escombros, se vuelve más verdadero.

Una mañana, fue Seonghwa quien dejó algo sobre la mesa del desayuno: un pequeño ramito de violetas. Hongjoong lo miró sorprendido.

— ¿Para mí? — preguntó, sonriendo por primera vez sin miedo.

— Para ti — respondió Seonghwa, inclinándose a su altura —. Pero esta vez, no hay carta. Ya no hace falta escribir lo que por fin puedes decirme.

Hongjoong soltó una risa suave. Lo abrazó, con las flores entre sus manos. El aroma se mezcló con el del café, con la luz de la mañana y con la promesa de algo que, sin ser nuevo, volvía a comenzar.

Y así, entre violetas y palabras no escritas, se reconocieron otra vez.

✦ ⊹⊹⊹

🌿 Fin.

One shots | HonghwaWhere stories live. Discover now