Capítulo 0: Mujer misteriosa
Las agujas del reloj marcaban las horas con un sonido metálico, como martillazos que resonaban en aquel pasillo blanco con ligeros toques azules.
La respiración de un hombre se oía tranquila mientras esperaba con paciencia, observando cómo enfermeros y doctores iban y venían: unos con prisa, otros con cansancio. A lo lejos, los gritos de algún paciente se mezclaban con el murmullo de los pasos.
-Puede pasar, oficial -anunció la doctora a su lado-. Pero le pido que sea delicado. Cualquier cosa podría alterarla. -Su tono fue serio.
-Lo tendré en cuenta -respondió él, con la misma firmeza, y entró a la habitación.
Dentro, una joven estaba sentada sobre la camilla, las piernas extendidas y cubiertas por una manta. Su cabello blanco con reflejos plateados caía como una cascada sobre sus hombros, rozando con suavidad su rostro.
Tenía la vista fija en un cuaderno apoyado sobre sus piernas, moviendo con agilidad el lápiz entre los dedos.
El oficial carraspeó para llamar su atención, y ella levantó la mirada: dos ojos grandes, brillantes, tan claros que le recordaron a la luna.
"Un ángel."
Fue lo primero que pensó al verla. Aquella joven lo había dejado sin palabras.
-Buenos días -dijo ella, con una voz tan dulce que lo sacó de su trance.
-B-buenos días, señorita. Vengo a hacerle unas preguntas -respondió él, recobrando la compostura.
Ella dejó el cuaderno y el lápiz sobre la mesita de noche, enderezando su postura con elegancia. Solo con ese gesto, le dio permiso para continuar.
-S-según el informe -dijo el oficial, revisando una pequeña libreta-, no recuerda nada de su pasado. ¿Es correcto?
En su mente se reprochó la pregunta; sonaba absurda.
-Eso me dijo el doctor -contestó ella con suavidad.
-¿Lo que dijo el doctor? -repitió él, curioso.
-Sí. No recuerdo nada... solo un nombre. Aunque ni siquiera siento que sea mío. -Su voz tenía una inocencia desarmante.
-¿Puedo saber cuál es? -preguntó, alistando la pluma.
-Goretti.
El oficial sonrió levemente.
-Es un nombre hermoso. -Pensó que le quedaba perfecto, pero sacudió la cabeza y retomó su tono profesional-. No recuerda cómo llegó al edificio, ¿verdad?
-¿Edificio? -repitió ella, confundida.
-Sí. La encontraron en un edificio en llamas. Hubo un incendio. Usted quedó atrapada entre los escombros y tenía falta de oxígeno. Los rescatistas dijeron que fue un milagro que sobreviviera.
-No... no recuerdo nada -dijo, con la mirada perdida.
-¿Ningún familiar o amigo que haya estado con usted? -preguntó el oficial, notando que su voz se volvía más suave-. ¿Señorita? ¿Sucede algo?
-Familia... -susurró.
Sus pensamientos se volvieron un torbellino. No recordaba cómo había llegado allí, ni si su nombre era realmente suyo. Solo sabía que había despertado en ese hospital, con dolor... y sola.
¿Familia? ¿Amigos?
¿De verdad los tenía?
Si era así, ¿por qué no los recordaba?
Un sabor amargo le llenó la boca. Su corazón comenzó a latir con fuerza, su respiración se agitó.
No puede ser que esté sola... no puede.
Un dolor punzante se instaló en su cabeza. Se llevó una mano a la frente, gimiendo.
De pronto, llamas.
Cadenas oxidadas.
Sombras distorsionadas.
El dolor se volvió insoportable; los gruñidos se transformaron en gritos.
El oficial, alarmado, intentó acercarse, pero ella reaccionó con un manotazo reflejo. Sin saber qué hacer, salió corriendo en busca de ayuda.
Dentro de su mente, los recuerdos eran fragmentos bizarros: pasos, siluetas, fuego... cada imagen era una tortura.
La doctora entró de inmediato, encontrándose con una paciente retorciéndose de dolor, sosteniendo su cabeza entre las manos.
-¡Le dije que fuera precavido! -gritó al oficial.
Él no respondió. Una enfermera lo sacó de la habitación mientras la doctora atendía a la joven. En la sala de espera, el oficial se dejó caer en una silla, frustrado.
Era su primer caso. Parecía sencillo. ¿Cómo se había salido todo de control?
Recordó que esa misma mañana se había quejado del trabajo: debía interrogar a una mujer sin memoria, rescatada de un incendio en una empresa que... ni siquiera existía.
No había registros, ni nombre, ni documentos. Los vecinos aseguraban no haber visto jamás tal edificio. Y aquella chica, "Goretti", tampoco figuraba en ninguna base de datos.
Suspiro largo, pasando una mano por su cabello, temiendo haber arruinado su carrera antes de empezar.
Pasaron dos horas. El oficial seguía en la sala, meditando en silencio, con un café entre las manos.
-Oficial -una voz lo sacó de sus pensamientos. La doctora le tocó el hombro-.
-¿Cómo está? -preguntó de inmediato.
-Estable -respondió ella. Su tono fue más amable-. Puede pasar, pero tenga más cuidado esta vez.
Él asintió y caminó hacia la habitación. Se detuvo unos segundos frente a la puerta, respiró hondo y entró.
La joven descansaba recostada, mucho más tranquila. Dudó en hablarle. Tal vez era mejor marcharse.
-No recuerdo nada -dijo ella, sin abrir los ojos.
-¿Disculpa? -
-No recuerdo nada... y lo siento. -Un par de lágrimas resbalaron por su rostro-. No sé quién soy, no sé si tengo familia o amigos. No recuerdo el incendio. -Su voz tembló entre sollozos.
El oficial se quedó inmóvil. No sabía qué decir. La culpa le pesó en el pecho.
-Tal vez... -dijo al fin, con torpeza-, tal vez no recuerdes tu pasado, pero todavía tienes un futuro.
Ella lo miró, sorprendida.
-¿Un futuro?
-Sí. Puedes empezar de nuevo. Sola, si hace falta. -Su voz sonó insegura, pero honesta.
La joven lo miró por un momento y luego sonrió con dulzura.
Quizás empezar de nuevo no era tan mala idea.
El atardecer teñía el cielo de naranja cuando el joven oficial salió del hospital. Sonreía con alivio.
Después de todo, había cerrado su primer caso.
Gracias por leer
Yukina67
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Recuerdos Entre Trazos (Noblesse)
FanfictionEn un hospital silencioso, una joven de mirada perdida despierta sin nombre, sin recuerdos y con un aura que ningún humano debería poseer. Nadie imagina que, mucho tiempo atrás, ella fue un espíritu antiguo -la guardiana de la primavera- que por amo...
