Días después el dolor seguía, de hecho, parecía empeorar.
Había pasado las noches llorando, hasta que los ojos me habían ardido y me había quedado dormida del cansancio. Me desperté con los ojos algo rojos y muy sensibles a la luz del sol.
Aunque no tenía ni un sólo ápice de humor para asistir a la escuela, obviamente tuve que ir, cortesía de mi madre.
El desayuno fue horrible. Mi padre era el que cocinaba en la casa, y nos llevaba a la escuela, así que gracias a su ausencia, desayunamos cereal y nos fuimos a la escuela, fue la mañana más silenciosa que habíamos tenido.
Al llegar todo el mundo se veía igual que siempre, algunos parecían odiar la escuela y otros parecían estar felices de volver después de un fin de semana sin ver a sus amigos.
Intenté no demostrar lo celosa que estaba con que ellos pudieran sonreír y yo no, mientras recorría los pasillos para llegar a mi salón.
Como siempre todos estaban platicando y se veían felices, me saludaron pero yo no dije nada, me límite a tomar mi silla y sentarme sola.
Estaba considerando dormirme justo ahí sobre la mesa con mis brazos rodeando mi cara para que nadie me viera cuando sentí que alguien se sentaba en la silla de mi derecha y me tocaba el hombro.
-Ana?- reconocí la preocupación en la voz de mi mejor amiga Sara.
-Si?- pregunte en respuesta.
-Te pasa algo?- su preocupación seguía ahí.
-Si.- conteste fríamente.
Ella espero un momento en silencio, como si estuviera esperando a que yo le contara lo que me pasaba. Pero tras un rato comprendió que no hablaría.
-Y no quieres decirme que es?- insistió.
-No se exactamente que pasa. -
-Puedes contarme y te ayudare a saberlo, tal vez encontremos una solución.-
Un flechazo de tristeza me atravesó al reconocer que mi mejor amiga era sin duda alguna una muy buena amiga, podía nominarla a mejor amiga del mundo sin problemas. Sentí que no merecía a mi mejor amiga.
¿Si no merecía a mi familia unida, tampoco una amiga o si?
Entonces recordé porque ella estaba conmigo.....
Hace un año nos habíamos conocido en pre-first. Era el inicio del ciclo escolar y mi primera vez en una escuela bilingüe. Durante el recreo no me había juntado con nadie, Sara tampoco tenía a nadie y ambas íbamos caminando sin fijarnos por donde y chocamos. Nos dolía un poco y nos llevaron a la enfermería. Ninguna quería hablar con la otra, nos culpábamos una a la otra de nuestra torpeza. Pero de repente ambas nos callamos y nos disculpamos, nos dejaron solas y empezamos a platicar.
Literalmente el mundo me puso enfrente a la mejor amiga que necesitaba. Después de eso nos hicimos inseparables, transcurrió un largo tiempo y nos conocimos a fondo, entonces descubrí que sus padres estaban separados y ella y su hermano mayor vivían con su mamá.
Por eso ella era la única que podía ayudarme en ese momento de mi vida.
Durante el recreo le conté lo que pasaba y ella me escucho y respondió a mis preguntas, pero no me ayudaron las respuestas.
Yo quería saber que pasaba cuando los padres se iban, y ella me contesto que empezaban los problemas. Cientos y cientos de problemas. Pero no le conté del frío que sentía en mi interior, eso no sabía si debía contarlo, algo me decía que debía ser un secreto que no confiara a nadie, e incluso, que lo ocultara a Sara.
Más tarde descubrí que tenía razón, la partida de mi padre sólo era el comienzo, los verdaderos problemas venían después.
Se que Sara sólo quería ayudar, pero el miedo que sentí a la hora de la salida era por lo que me había dicho.
No fue tu culpa Sara, fue mía.
Tu sólo querías ayudarme, y lamento que no hayas podido hacerlo.
No merecía que fueras mi mejor amiga. Merecías a alguien mejor.
Ana
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Diario de una suicida
Teen FictionQue pasa cuando se divorcian los padres? De todo. Te dicen que con el tiempo pasa y sigues tu vida. Pero lo que no te dicen es que el divorcio te puede matar, y una vez que lo logra, nada será igual. Y la vida, nunca más dará marcha atrás. Lo sé...
