1. La Chispa

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La música de la fiesta privada se escuchaba apagada a lo lejos. En el hotel todo parecía calmarse, pero en esa habitación la tensión apenas comenzaba. Jimmy se dejó caer sobre el sillón, todavía con la camisa entreabierta y el cabello revuelto. Tommy lo miraba con esa sonrisa provocadora que tanto le gustaba mostrar cuando sabía que tenía la atención de ambos.

—¿Cansado ya? —preguntó con un tono burlón mientras se acercaba demasiado.

Ohm cerró la puerta tras de sí, cruzándose de brazos, observando el juego que se estaba formando.
—No lo provoques, Tommy —dijo con voz grave—. Sabes que no se queda quieto si alguien lo reta.

Jimmy sonrió, alzando la ceja, y se inclinó hacia adelante.
—¿Y si es justo lo que quiero?

El silencio se volvió pesado, eléctrico. Tommy se inclinó sin miedo, rozando los labios de Jimmy apenas unos segundos antes de apartarse, como si jugara con fuego. La respiración de ambos se aceleró, y Ohm, todavía apoyado en la puerta, sintió cómo ese deseo también lo arrastraba.

En cuestión de segundos, las risas se convirtieron en besos hambrientos. Jimmy tomó del cuello a Tommy, hundiéndolo en un beso profundo, mientras este respondía con la misma intensidad. Ohm avanzó despacio, como un depredador seguro de su presa, y cuando sus manos se posaron en los hombros de ambos, la temperatura de la habitación se disparó.

Los tres quedaron tan cerca que era imposible distinguir dónde terminaba uno y empezaba el otro. El roce de sus cuerpos era un adelanto de lo inevitable. Y justo cuando la pasión empezaba a desbordarse, Tommy se separó con un suspiro jadeante.

—Esto… apenas comienza.

El brillo en sus ojos prometía que lo que vendría después sería mucho más intenso.

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