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El rugido del motor se calmó tras pasar la bandera de cuadros, el ruido aún rebotando en los oídos de Liam. Sus manos temblaban ligeramente sobre el volante, una mezcla de adrenalina residual y frustración pura corriendo por sus venas. Había sido una carrera jodida desde el momento en que Carlos decidió que tenía derecho a su línea en la curva 7.

—P12, Liam, P12. — La voz de su ingeniero lo sacó del trance.

—Lo sé— respondió con resignación, ni siquiera intentando ocultar la frustración ante el resultado. Su voz sonaba áspera por el esfuerzo y la decepción. No era el peor resultado de su carrera, pero quizá si no hubiera chocado con Carlos, habría terminado sumando algo. Quizá si las estrategias hubieran funcionado. Quizá si hubiera empujado más en esas últimas vueltas cuando aún tenía oportunidad.

Demasiados "quizá" para un fin de semana que necesitaba desesperadamente que saliera bien.

—Isack quedó en P3.

La noticia pareció disipar por un momento la molestia de Liam, siendo reemplazada por algo más cálido. Una sonrisa genuina se dibujó en su rostro por primera vez en toda la tarde.

—¿En serio?

Pidió una confirmación mientras se acercaba a la zona del pitlane, sintiendo cómo su pecho se aliviaba. Al menos uno de los dos había hecho las cosas bien. Al menos Isack había conseguido darle algo bueno al equipo este fin de semana.

Tras recibirla y asegurarse de que el motor estuviera apagado, bajó del monoplaza con movimientos mecánicos. Sus piernas se sentían como gelatina después de casi dos horas peleando con un coche que se negaba a cooperar. Se quitó los guantes y desconectó la radio, pero mantuvo el casco puesto mientras buscaba rápidamente con la vista al equipo y, más importante, a Hadjar.

Lo encontró rodeado de mecánicos e ingenieros, siendo felicitado con palmadas en la espalda y sonrisas enormes por el primer podio que hacía en fórmula 1. Incluso desde la distancia, Liam podía ver la euforia en los gestos del francés, la forma en que gesticulaba con las manos mientras hablaba, probablemente narrando alguna maniobra de la carrera.

Liam no perdió más tiempo y se acercó entre el mar de personas, sin siquiera molestarse en quitarse el casco antes de tocar el hombro de Isack. Cuando su compañero se volteó, Liam se encontró de frente con esa sonrisa de oreja a oreja que conocía tan bien. Era una sonrisa que Liam había visto antes, pero nunca en un momento como este - pura euforia mezclada con alivio, los ojos del francés brillando con una intensidad que le llegó directo al pecho.

Por un momento, Liam se olvidó de su propio resultado desastroso. Se olvidó de Carlos y de las oportunidades perdidas. Solo existía esa sonrisa y el orgullo genuino que sentía por su compañero de equipo.

Sin decir una palabra, Liam lo rodeó en un abrazo, sintiendo cómo Isack aún temblaba ligeramente por la adrenalina. El francés olía a sudor y a la particular mezcla de combustible y caucho que siempre impregnaba el paddock después de una carrera. El gesto fue correspondido por su compañero con la misma energía, sus brazos rodeándolo fuertemente, seguido de una risa entre feliz y nerviosa que vibró contra el pecho de Liam.

Había algo genuino en ello, una especie de orgullo compartido que no necesitaba palabras para expresarse. En ese momento, Liam se sintió más conectado con el éxito de Isack que decepcionado por su propio fracaso.

Se alcanzó a percibir un leve 'click' seguido de un flash proveniente de la cámara de un trabajador de marketing, enmarcando el momento entre ambos pilotos y el logro para el equipo Racing Bulls.

—Felicidades, hermano —logró decir Liam finalmente, su voz amortiguada por el casco.

—Gracias, Liam. En serio —respondió Isack, y había algo en su tono que hizo que el neozelandés se sintiera un poco menos miserable con su día.

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