—Señor Martínez—.
La voz del médico resonó en la pequeña sala de espera.
Los ojos marrones del hombre sentado, se posaron en él de inmediato.
—Está todo listo, podemos proceder cuando nos indique— la voz monótona en una clara indicación de lo normal que era para él realizar ese tipo de procedimientos.
Íñigo asintió, dando a entender que lo había escuchado, pero no siendo capaz de pronunciar una respuesta.
Desvió la mirada hacia el ventanal a su lado, desde su posición podía apreciar parcialmente el hermoso paisaje de las calles sicilianas siendo iluminadas con luces cálidas mientras el sol se escondía, dándole paso a la oscuridad nocturna.
El doctor suspiró, sabiendo que no obtendría más por el momento. Se dio la vuelta, caminando de regreso a su consultorio, dejándolo solo.
El silencio lo envuelve, su mente en paz, con toda tranquilidad sabiendo lo que va a suceder.
Desde que se enteró tuvo el presentimiento que, de alguna manera, la vida le iba a cobrar por todo lo que hizo para construir su legado.
Se levanta con cuidado sacudiendo su pantalón negro, se acerca al ventanal y observa, su ciudad, por derecho de nacimiento.
Sus ojos tratan de observar más allá de la metrópolis, entre los caminos silenciosos, donde su casa se alza majestuosa, escondida entre la naturaleza que ofrecen los campos y montañas.
No lo consigue, no está lo suficientemente alto como para lograrlo.
Gira el anillo en su mano, el rubí brillando en rojo llama su atención. Esboza una pequeña sonrisa al recordar el día que le fue entregado.
Por aquel entonces creyó que él sería diferente, no cometería los errores que llevaron a su padre y abuelos a la muerte.
Cumplió, hizo las cosas diferentes. Más cruel, más despiadado, un hombre malo pero justo.
Un hombre que siempre está un paso adelante, aquel que siempre tiene una solución, aquel que no deja nada al destino y que sin embargo no puede controlar lo que le sucede.
Camina hacia el ascensor, necesita sentir el aire frío, una vista panorámica completa.
Sube en silencio, se baja en el último piso y gira hacia las escaleras de emergencia.
Camina hacia la salida, empujando la puerta entreabierta que prohíbe el paso a personal no autorizado.
El viento golpea su rostro y hace ondear su cabello, la oscuridad acapara el lugar, el ruido un eco lejano. Avanza con pasos firmes hasta el borde del lugar, se inclina apenas, observando.
—Ni se te ocurra, yo llegué primero— una voz baja pero firme llegó a él.
Instintivamente giró la cabeza, su mano ya desenfundando el arma escondida en su cinturón. Tiene que esforzarse para distinguir una sombra casi al final del lugar.
—¿Disculpa?— apunta al desconocido sin acercarse.
—Yo llegué primero— repitió —buscate otro lugar—.
Íñigo sonríe divertido bajando el arma, por fin puede ver el cuerpo sentado en el borde de la cornisa.
—Mi error, no sabía que había que reservar— el tono burlón es evidente.
Camina lento hacia el desconocido, quien tiembla aferrado al borde.
—Planeé esta noche demasiado tiempo para que alguien me la arruine—.
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Please, stay
FanfictionUna mariposa vuela porque está en su destino. 🦋🦋 ¿Qué sucede si un día se cansa de volar? [Onse shot] [Contenido Homosexual] [Angst]
