Despedida, no es un adiós, es que te echen a la calle

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Aquella mañana fue horrible, me llego un email de mi jefe, el cual quería que me presentara a las 11.00 de la mañana en el despacho. Tras hablar con él, insistirle reiteradamente que no me despidiera y comprender que no había otra posibilidad, ya que estaban reduciendo el numero del personal del despacho, no sabia que hacer, que rumbo tomar. En ese momento viví y sentí en mis propias carnes lo que siente una persona cuando la/lo obligan a abandonar su puesto de trabajo. Estaba asustada, perdida y sin trabajo. ¿Qué sería de mi? El finiquito que me dio mi antiguo jefe no daba más que para un mes. Un mísero mes. Tras estar lloriqueando por lo que me podría pasar durante los siguientes días, volví a casa y me tumbe en la cama. Apaciguada por el silencio y la poca brisa que entraba por la ventana de mi habitación, me dormí. Para cuando me di cuenta eran las 18.30 p.m de la tarde. Me había pasado horas durmiendo. Me levante de aquella vieja cama y me puse a ojear el periódico en busca de una salida económica o trabajo que me pudiera mantener al menos durante un tiempo más. Era muy triste, no había ningún trabajo que se asemejara al que hacia en mi antiguo despacho. Además, los sueldos eran muy bajos y no podía permitir trabajar tantas horas para cobrar tan poco. Me planteé en hacer una visita a mi padre en Florida y quedarme unos cuantos meses ahí hasta que las cosas se calmaran un poco. No había comido, así que me prepararé un sándwich de jamón con queso  y un buen jugo de naranja, así como lo hacia mi abuela cuando yo era pequeña. La mayor parte del día había pasado, y yo seguía de la misma manera, cabizbaja y sin ganas de hacer nada. Pensaba en lo que haría aquel hombre que mandaba las botellas en mi lugar. Aquel hombre tenía pinta de tener respuestas para todo, menos para el amor. Esa misma noche llamé a mi padre para contarle lo ocurrido y preguntarle si podía ir unos meses a Florida a visitarle, o incluso si podría ir a vivir con él. Mi padre accedió, ya que no nos veíamos desde hace ya un año y medio. Sus palabras me tranquilizaron, ya que tendría un lugar para vivir y donde poder buscar un trabajo, además de no seguir vivir sola, como ya había hecho hasta entonces.

A 822-km de tiWhere stories live. Discover now