Aún recuerdo el bochornoso calor de julio, las temperaturas eran muy altas, la falta de aire acondicionado y los ventiladores fallando. La luz era tenue,una lámpara estaba dañada y a nadie le importaba arreglarla.
Sentada en ese escritorio con vista directa a mi jefe a través de mi computadora podía ver qué hablaba contigo. Debí saber cuál sería mi fin.
Hola!
Se que ya leímos la historia de Lara y Roberto, ahora contaremos la historia de Lara y Octavio (o Gerardo, por qué en algún punto cambie el nombre y no he corregido).
