Introducción

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En la cafetería de la universidad siempre había ruido: charlas mezcladas, platos chocando y el sonido constante de la máquina de café. Max, un chico guapo, popular, jugador de futbol americano, todo un buen cliché, estaba sentado en una esquina, con los audífonos puestos pero sin música, ya que nadie creería que alguien con audífonos puede oir las conversaciones ajenas.

Fingía estudiar, aunque en realidad estaba más pendiente de la mesa del centro, donde Checo Pérez reía con unos amigos. Sergio perez, mejor conocido como “Checo”, era un estudiante de su mismo curso. Un chico muy dulce, amable con todos y un excelente jugador de futbol soccer, además de ser conocido por ser un muy buen estudiante. No destacaba demasiado, pero tampoco era invisible.

Max lo conocía apenas por nombre y por algunos trabajos en equipo donde habían coincidido un par de veces. Fuera de eso, nunca habían hablado más que un “hola” cordial, pero bastaba para que el corazón de Max se desbocara cada vez que lo veía o escuchaba aquella risa única del chico pecoso.

Ese día, Checo caminó hacia su mesa. Max sintió cómo la garganta se le cerraba. Bajó la mirada a su cuaderno, como si de pronto las ecuaciones fueran lo más interesante del mundo.

—¿Max? —dijo Checo, apoyando una mano en la mesa. Su voz sonaba tranquila, casi cálida.

Max levantó la cabeza tan rápido que casi se golpea con el borde de la mesa.

—S-sí… ¿q-qué pasa?

Checo sonrió, divertido por la torpeza.

—Nada, solo quería preguntarte si ya terminaste el proyecto de historia. Pensaba que podíamos compartir notas.

Max tragó saliva, intentando sonar normal, pero las palabras se enredaban solas:

—Yo… sí, digo, no, o sea… sí lo tengo, p-pero no completo… todavía.

Checo arqueó una ceja y rió con suavidad.

—Eres muy gracioso, ¿sabías?

Max se puso rojo como tomate. No era gracioso, solo se volvia un desastre cada vez que Checo se acercaba. Pero al ver esa sonrisa, esa mirada directa, pensó que tal vez ser un desastre no era tan malo si eso hacía reír a Sergio.

—Bueno… entonces te dejo trabajar.

Tras una ultima sonrisa, Checo volvió a la mesa con sus amigos, dejando a un Max con una sonrisa en los labios que trato de ocultar mirando de nuevo los apuntes en su libreta.

Entre girasoles y tartamudeosStories to obsess over. Discover now