El caos mediático estalla cuando un video malintencionado muestra a la actriz Han Yura entrando al restaurante donde Jimin cenó con amigos, haciendo que todo parezca un romance secreto. Titulares y rumores invaden redes sociales, y cada notificación...
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El nombre de Han Yura, una actriz popular, estaba en todos los titulares, un video la mostraba entrando al mismo restaurante en el que Jimin había cenado con amigos. Bastó una edición malintencionada para que pareciera una cita secreta, un encuentro que nunca existió.
Los portales de entretenimiento lo llamaban "romance confirmado", y en redes sociales, las menciones y rumores no dejaban de crecer, como un fuego que arrasaba todo a su paso. Cada notificación era una aguja en el pecho de Jimin.
Se sentó en el sofá, con el celular temblando entre sus manos, su corazón parecía latir demasiado rápido, como si quisiera escapar de su pecho, comentarios crueles y opiniones sesgadas inundaban la pantalla: "sabíamos que era falso todo lo que mostraba", "siempre sonriendo, pero mira lo que oculta", "otra estrella más cayendo en la mentira". Cada palabra lo golpeaba, arrancándole pedazos de tranquilidad que apenas alcanzaba a sostener.
Jimin cerró los ojos y dejó que las lágrimas se deslizaran silenciosas, tratando de no hacer ruido. Pero el dolor era tan intenso que ni él mismo podía contenerlo. Todo lo que había sido su día se había convertido en un remolino de rumores y juicios que no le pertenecían. Cuando Yoongi entró al departamento esa noche, lo encontró sentado en la penumbra, con el rostro enterrado entre las manos, la figura encorvada bajo el peso de la angustia.
—Mochi... —llamó suavemente, con un hilo de voz que parecía atravesar la distancia entre ellos.
Jimin levantó la mirada, y sus ojos, enrojecidos y brillantes, se encontraron con los de Yoongi.
—Hyung... —susurró, con la voz quebrada. —Todos creen que estuve con ella. Aunque lo niegue, nadie me va a creer.
Yoongi apretó los labios, conteniendo la rabia que subía por su pecho, caminó hasta él, con pasos firmes pero cuidadosos, y se arrodilló frente a Jimin. Sin decir nada, lo abrazó fuerte, envolviéndolo en un refugio de seguridad que Jimin no sabía que necesitaba tanto.
El silencio se llenó solo con la respiración temblorosa de Jimin, Yoongi acariciaba su cabello con suavidad, bajando la voz, como si cada palabra fuera un sello destinado a quedarse tatuado en el pecho de Jimin.
—No tienes que demostrar nada, Jimin, yo sé la verdad y la verdad es que eres mío, no de rumores baratos.
Jimin tragó saliva, escondiendo la cara contra el pecho de Yoongi.
—Pero... duele, hyung... —murmuró, la voz quebrada. —Siento que me arrebataron la paz, como si todo lo bueno que tenemos fuera un secreto sucio.
Yoongi lo sostuvo con más fuerza, rozando su mejilla con la suya, asegurándose de que sintiera cada latido, cada intención de protegerlo.
—No es un secreto sucio, es lo más hermoso que tengo y ¿sabes qué? Tal vez ya es hora de que el mundo lo sepa.
—¿Quieres decir...? —Jimin lo miró sorprendido, con las mejillas húmedas, incapaz de articular palabra.