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La perdida

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Ella era mi mejor amiga. La conocí un domingo de misa. Solía llevar motonetas con lazos enormes que la hacían ver graciosa, con sus pecas y su pelo rubio. A ella le molestaban, a mí me hacían reír, creo que por eso nunca dejó de usarlas hasta que fue demasiado mayor. Nuestros padres se hicieron amigos. Yo, en particular, me acerqué a ella porque siempre la cachaba mirándome cuando todos cerraban los ojos para orar.

Vengo de una familia muy religiosa. Mi madre soñaba verme casada con el hijo del párroco. Nuestros vecinos eran ateos; la hija mayor andaba de novia con otra chica. Mi madre la llamaba "perdida", hasta se persignaba al verla. Yo pensaba como ella, aunque guardaba un secreto: Creía que mi mejor amiga era una "perdida". La quería, solo por eso fingía desconocerlo. Además, me gustaba gustarle, me hacía sentir bonita.

Tenía otro secreto: mi madre no sabía, pero había salido con varios chicos. Era enamoradiza y siempre me engañaban. Una tarde, después que me rompieran el corazón, regresé de la Universidad y fui a casa de Jenna buscando consuelo. Le conté que vi a mi novio besando a Claudia. Jenna se enojó y me pidió que me fuera. Dolió. Tomé mi bolso para marcharme, pero todo sucedió demasiado rápido. Me besó. Quise apartarme... No pude. Besaba tan bien que algo se encendió en mí. Salí corriendo. Yo no era una "perdida" y Jenna sí.

Aquella noche no dormí. Volví a su puerta y sucumbí a la tentación. Fue la mejor noche de mi vida. Jenna me hizo sentir viva; como no lo había hecho ningún hombre.

De más está decirles que me casé con "la perdida". Mi familia no me habla, la de Jenna tampoco. Nos convertimos en impuras ante sus ojos. ¿Qué le van a decir a la gente? Preguntaron. Simple: ¡Que es amor!

LA "PERDIDA" (MICRORRELATO)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora