Me encontraba acostado en mi cama, terminando de leer una de mis novelas favoritas. Estaba completamente emocionado, justo en el clímax de la historia, cuando la pequeña hermanita descubría que su protector en ese mundo era, en realidad, su hermano mayor reencarnado... quien había fallecido tres años atrás.
—¡Onisamaaaaa! —escuché de repente una voz alarmada.
—¿Eh? ¿Qué pasa, Kaju? —dije, bajando el libro de mi rostro.
La puerta de mi habitación se abrió de golpe, y mi hermana Kaju entró apresurada, con el rostro lleno de angustia.
—¡Onisama, ayúdame, por favor! —exclamó, casi al borde de las lágrimas, mientras me mostraba la falda de su uniforme de secundaria.
Me incorporé de inmediato y observé con atención. Podía ver claramente un rasguño en la tela, como si algo la hubiera enganchado y desgarrado.
—Kaju... ¿qué te pasó? —pregunté, tratando de mantener la calma, aunque mi corazón empezó a latir más rápido.
Ella bajó la mirada, con un puchero, sosteniendo la tela dañada entre sus dedos como si fuera una herida propia.
A Kaju se le había desgarrado el uniforme cuando andaba con Gon-chan, y recién se dio cuenta hoy, mientras alistaba sus cosas para mañana.
—Kaju... no te alarmes, ¿vale? —suspiré, intentando tranquilizarla—. A ver, acércate y déjame ver eso.
Me incliné para revisar la tela y confirmé mis sospechas: no era un simple rasguño, parecía como si algo la hubiera enganchado con fuerza y lo hubiera desgarrado.
—Está bien, quítate el uniforme y espérame en la habitación de papá. Voy a preparar la máquina de coser.
—¡Gracias, onisama! ¡Eres el mejor! —exclamó Kaju, abrazándome con fuerza antes de correr hacia la habitación.
Yo solo solté un suspiro.
Hace un mes había empezado mi primer año en la preparatoria Tsuwabuki y, para mi sorpresa, todo estaba yendo tal cual lo había planeado: siempre siendo un extra de fondo, sin destacar demasiado. Esa era mi meta... vivir tranquilo, sin sobresaltos.
Mientras me dirigía a la habitación de papá para preparar la máquina, no pude evitar recordar cómo aprendí a coser.
En realidad, fue por pura necesidad. Mis padres casi nunca estaban en casa por el trabajo, y cuando estaba en primaria , cada vez que se me rompían los pantalones no tenía a nadie que me ayudara. Así que terminé aprendiendo solo, con tutoriales de internet y a base de prueba y error.
Papá tenía guardada la máquina de coser que le había heredado la abuela, y después de algunos intentos desastrosos, logré dominarlo por completo. Desde entonces, siempre me ha sacado de apuros en emergencias como esta.
—Onisama... —escuché la voz de Kaju mientras entraba con el uniforme en las manos—. Aquí está.
Me lo entregó con mucho cuidado, mostrando el desgarrón en la tela.
—Por favor... salva el vestido de Kaju —dijo con un puchero que parecía un ruego.
—Está bien, no te preocupes —respondí, preparándome para empezar el trabajo.
Solo pasaron unos diez minutos antes de que terminara de arreglarlo. El uniforme, que antes parecía un desastre, ahora estaba como nuevo.
—Listo —le dije, extendiéndole el vestido.
Kaju lo recibió con los ojos brillando de fascinación.
—¡Onisama, eres lo mejor! Parece como si nunca le hubiera pasado nada...
Reí suavemente. Era cierto que a Kaju nunca le gustó coser. Cada vez que intentaba usar la máquina terminaba pinchándose los dedos una y otra vez, y acababa diciendo que la odiaba. Aun así, alguna vez trató de ayudarme, pero su torpeza con las agujas la hacía rendirse al poco tiempo.
Por eso, todo el trabajo terminaba cayendo sobre mí. Con el tiempo, esa práctica forzada se convirtió en una habilidad pulida: ya tenía unos tres o cuatro años usando aquella vieja máquina de coser.
Ahora que la observo con detenimiento, sé que pronto dejará de funcionar... aunque espero que aguante un poco más.
También practiqué bastante con aguja e hilo, porque siempre pensé que si empiezas algo, debes terminarlo. Esa fue mi motivación al principio.
Y al final... supongo que podría decir que la costura se convirtió en mi único "don". Una habilidad perfeccionada en silencio... como corresponde a alguien que solo busca ser un extra en esta historia.
Suspiré, aún recordando la vez que papá descubrió que yo usaba la máquina de coser. Se emocionó tanto, diciendo que él tampoco sabía usarla igual que mamá, y que solo la conservaba por cortesía. Me comentó que, si quería, podíamos llevarla a mi cuarto y convertirlo en una sala de costura.
Yo lo negué, diciéndole que era demasiada molestia. Sin embargo, noté que ellos no estaban del todo convencidos. De hecho, últimamente los he visto trasteando en la última habitación de la casa y, según mis sospechas, la están adaptando como un cuarto de costura.
Quizás porque a mamá le gustó cómo arreglé algunos de sus vestidos, y a papá sus trajes.
Sonreí al recordar esa escena.
"Seguro quieren que sea una sorpresa... pero no saben ocultar nada", pensé para mis adentros, divertido.
—Bueno, Kaju, alista tus cosas para mañana, ¿vale? —le dije.
Ella asintió y se fue alegremente a su cuarto.
Me quedé solo, observando la vieja máquina de coser.
"Después de todo... no creo que saber coser me lleve a grandes cosas. Pero... tampoco es que lo desprecie. Coser nunca está de más."
EPA, NUEVO FIC Y NUEVO CAPÍTULO 🚀
A ver qué tal sale esta nueva locura, gente.
Vamos con todo en esta weá, así que si se animan a leerlo, ¡bienvenidos!
No olviden dejar sus críticas, que ayudan un montón 🔥✍️
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El Cosplay de mis Heroínas
RomanceTengo un don... pero no es nada que resalte. No corro rápido, no soy bueno en los deportes, tampoco destaco en casi nada . Lo único que sé hacer bien es coser. Sí, coser... y sinceramente, nunca pensé que esa habilidad pudiera llevarme a algo grande...
