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El sol me recuerda que insecto fui

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"Hoy me desmayé en la parada del camión... aunque bien pudo haber sido un sueño de fiebre", escribí como primera línea en mi diario, con fecha del 5 de julio de 2023. Ningún sueño fue. Sí me desmayé, sí fue el sol quien me golpeó con puño cerrado, y esos anillos ardientes en cada dedo suyo atravesaron mi piel hasta desarmar mi trémulo esqueleto. 

No hubo más, en mi vista las cosas comenzaron a descascarse, a perder las capas de pintura como las pierden las viejas casas de jubilados, se inundó todo de arena amarillenta, pesada y brillante. Fueron un par de segundos en los que el sol me mandóa dormir en esa agrietada cama de cemento que es la banqueta. Una tetera de porcelana habría impactado el suelo con más gracia. Después desperté, aturdida cual hormiga obrera. 

Aquel día sé que insecto fui, y si no lo fui, naturalmente me sentí uno, y así desde entonces. Un insecto con memoria a largo plazo; un insecto consciente de sí mismo; que camina impetuosamente, temeroso de servisto y calcinado por el infame rayo del sol que atraviesa una lupa gigante. Solo podría recordar una ocasión en que me sentí igual.Yo tendría apenas 5 años, específicamente, el día en que debido a la gran furia del sol me desmayé en el patio de la escuela, y cuando desperté lo primero que pensé fue: "¿es esto lo que sienten las hormigas cuando trabajan bajo el sol?". 

Y así, la única forma en que el sol ha podido recordarmelo que fui cuando era niña es desmayándome aquel día en esaparada de camión, pues cosida estoy al sol como cosidos le están los mediodías de agosto. El sol me recuerda que he crecido ordinariamente, y que furtivamente vivo siendo esa misma niña aterrada. 

A veces, incluso, tengo el sentimiento de que cargo con mipropio cadáver, me olvido de mí misma irrevocablemente, me entierro en algún rinconcito de mi letárgica conciencia y después también olvido dónde me he enterrado. Sé que eso es lo que hehecho con esa niña de 5 años, porque eso sigo haciendo cuando, en las noches, me canso de tropezarme conmigo misma. 

Ni siquiera desenterrando ese enclenque esqueleto mío de cinco años, ni apareciéndoseme el fantasma de la niña aturullada que fui, podría evocar completamente tal sentimiento escrupuloso de lo que fue ser yo a esa edad, –en una época muerta y agusanada–, salvo por el sentimiento de ser aplastada por el gran estómago del sol... salvo por el sentimiento de saberme un himenóptero sinalternativa. 

Recuerdo esa época más o menos como lo que fue, una época en la que los niños lloraban adentro mientras los perros lloraban afuera, y no había suficientes hombros en los cuales berrear en paz, y el mundo parecía todo envuelto en un pañuelo gigante, y los pájaros muertos le caían a uno en la cabeza, y el tiempo se escondía detrás del refrigerador, y el papel tapiz de la cocina estaba malpegado en la pared. 

Sí, recuerdo vivir en un apego perpetuo, llorar sin parar por todas las causas perdidas posibles; sin embargo, no puedo recordar el sentimiento exacto de ser esa hoja frágil y quebradiza a la deriva, no puedo recordar la inocencia de no juzgar tan cruelmente al tiempo, ni a la pesadez del mundo, o a la responsabilidad de tener una vida, con un corazón haciéndole tic tac tic tac a uno día y noche, temiendo que algún día explote o se duerma para siempre. 

Por eso he vivido silenciosamente, he tenido un andar sigiloso como las manecillas de un reloj, como el andar de una hormiga que carga una migaja de pan, pues, de puntillas he caminado toda mi vida, con temor de despertar a alguien, sí, ¿pero temor de despertar a quién? Quizás a mí misma. El constante terror de crecer mientras, irremediablemente, crezco. 

He tenido un andar sigiloso como las manecillas de un reloj, como el andar de una hormiga que carga una migaja de pan. En ocasiones, percibo mi mente como una sala a oscuras donde las cosas fácilmente se pierden, se arrastran lejos del lugar donde creí haberlas dejado, y yo las busco solo con mis manos. Me aterra pensar que algún día podría encontrarme con un vacío frívolo y demencial, aunque no me atrevería a admitirlo en voz alta sin antes reírme de mí misma. ¿Qué tal si mi mente, lánguida, arrastra este recuerdo debajo de una alfombra empolvada? ¿Seré capaz de encontrarlo? ¿Seré capaz de encontrarmea mí misma cuando mi mente se canse de repetirme quién soy?

Es verdad, he tratado de retener todo lo que he podido: mechones de mi cabello cortado y los dientes que se me hanido cayendo, hojas de árboles, piedras, plumas, servilletas, botones, pelusas, fotografías mías tamaño infantil tomadas en la farmacia por el miedo de algún día olvidar cómo genuinamente me veo. Conservo la maña de aprisionar cosas queya no necesito (ni sé dónde guardar), sin saber que parte de crecer también es dejarse a uno mismo olvidar ciertas cuestiones. 

Hoy mi corazón se siente cálido y pesado, como un animal herido que en una cuenca duermey podría despertar en cualquier momento. Quizás en algún punto de mi vida no pueda recordar tampoco exactamente esto que te he descrito, seguramente la inconmensurable sonrisa dañina del sol me ayudea recordar que esto soy hoy, que me gusta ver a las madres meciendo a sus bebés en las paradas del camión, que los álbumes familiares me hacen llorar, que escribo para consolarme, aunque la mayoría de las veces resulte lo contrario. 

Sé entonces que tengo un espíritu notable –como esnotable la sangre de una cortadura–, que hay algo latentemente armonioso dentro de mí. Algo que, bajo el sol de este desierto, florece.

El sol me recuerda que insecto fuiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora