Shoto estaba sentado en el suelo del gimnasio, observando a Bakugou y Kirishima saltar la cuerda. Sus pectorales se movían con cada salto, brillando bajo el sudor, y su corazón latía con fuerza. No era solo admiración: era deseo puro.
Por separado e...
Me encantaría mucho q comenten, me encanta leer lo q opinan ʕっ•ᴥ•ʔっ. Y no olviden de votar me ayudan en q mi cuenta sea más reconocida ✨.
Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.
Siempre había sabido que era raro. No en todo, solo en algo muy específico. No era simplemente admiración. No. Era un calor que lo recorría entero, un deseo que se hacía presente.
Antes, él no sabía que era un fetiche, no hasta que lo escuchó de uno de sus compañeros, Mineta. Era obvio que no debería tomarlo en cuenta: era Mineta, y nada bueno salía de su boca. Pero la curiosidad llegó después, cuando escuchó a otros compañeros hablar sobre eso. Así que decidió investigar, y fue así como descubrió que tenía un fetiche.
Un gran fetiche, y todo gracias a sus novios, Katsuki y Kirishima. No lo culpen: es inevitable no tener ese “fetiche”. No se puede ignorar, después de todo, son grandes.
Sí… hablaba de sus pectorales, sus grandes pectorales. ¿Es normal que sean así de enormes? No es como los de las mujeres, no se comparan, pero para ser hombres tampoco eran pequeños.
¿Y cómo comenzó su fetiche?
Bueno…
Antes de que ellos se convirtieran en un grupo romántico, él ya les veía los pectorales. Cuando los tres comenzaron a juntarse más por los entrenamientos, eso fue lo que despertó su fetiche. Cuando Bakugou lo retaba a entrenar con él para demostrarle quién era más fuerte, cada vez que peleaban, su mirada siempre bajaba. Además, cuando sudaba, su camiseta se pegaba a su increíble cuerpo, dejando ver sus pectorales.
Con Kirishima no era distinto. Cuando él le proponía hacer ejercicios para ser más fuertes, siempre se sacaba la camiseta. Según él, era porque así estaba más cómodo y su ropa no se mojaba del sudor. Para Shoto, sin embargo, era imposible concentrarse en los ejercicios; solo podía observar cómo sus pectorales se movían cuando hacía flexiones. Era como una vista en 3D.
Verlos por separado ya era increíble, pero verlos a ambos a la vez… superaba cualquier cosa. Cuando entrenaban sin camiseta, con el sudor brillando bajo las luces del gimnasio, los veía tensarse, brillar, moverse… y su corazón latía con fuerza.
Había mucho más, pero era mejor guardarlo y no contarlo aquí.
Ahora que sabía que no era el único “raro” con gustos extraños, se sentía menos extraño. Aunque la idea de que otras personas tuvieran ese fetiche no lo contentaba tanto; había chicas o chicos que quizá miraban a sus novios por la misma razón, y eso le molestaba un poco… (mucho). Porque esos chicos eran suyos (él tambien recalcaba que era suyo)… ¡pero eso no era el punto! Eran suyos.
Suyos.
Ahora se encontraba con ellos en el gimnasio. Kirishima los había invitado a entrenar para hacerse más fuertes, y él, ni lento ni perezoso (bueno, no tanto), dijo que sí. No iba a desaprovechar la oportunidad de verlos entrenar… y, bueno, también por eso… ustedes saben.