PROLOGO

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AMAPOLA

La amapola nace donde nadie la espera.
Surge en la grieta, en la tierra cansada, en el lugar donde otros no se atreven a florecer.
No necesita grandes temporadas para dejar huella: con un instante basta para cambiarlo todo.

Su vida es breve, dicen.
Pero lo breve también puede ser inmenso.

Frágil a la vista, resistente en silencio, la amapola crece como quien aprende a amar: despacio, sin ruido, con la fuerza exacta para sostener lo que importa.
A veces se inclina con el viento, pero nunca deja de levantarse.

Hay quienes la miran y solo ven un rojo brillante.
Otros descubren en ese color la promesa de lo que pudo haber sido…
y lo que aún puede ser recordado.

Porque la amapola no compite con las flores eternas:
ella existe para iluminar un momento,
para tocar una vida,
para quedarse en la memoria mucho después de haberse marchado.

Así es el amor que marca, incluso cuando duele.
Así son algunos encuentros: breves, pero capaces de transformar hasta el desierto más árido.

Y así es él.
Una amapola que aparece, florece, y lo cambia todo—
aunque el viento sople más fuerte de lo que debería.

Las amapolas se esconden en el vientoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora