PRÓLOGO

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Iris solía pensar que nadie la escuchaba de verdad.

En su casa, cada discusión con su madre terminaba como una tormenta que se repetía una y otra vez: gritos que dolían, silencios que pesaban, disculpas que no alcanzaban. Su madre la amaba, pero lo hacía desde una distancia extraña, donde sus sentimientos parecían siempre demasiado pequeños, demasiado exagerados, demasiado "problemas de adolescente".

Cada vez que el enojo estallaba, Iris corría a su cuarto y cerraba la puerta con fuerza, como si ese gesto pudiera protegerla de todo. Allí, entre paredes que conocían sus lágrimas, buscaba refugio. La desesperación la envolvía, haciéndola sentir culpable, rota, invisible. Había aprendido a callar su dolor frente a los demás, y a soltarlo solo en soledad, de la forma más dura.

El único respiro estaba en su mundo interior, donde se perdía durante horas. En la penumbra de su habitación encendía la pantalla y entraba en Nébora, un universo digital lleno de luces y sonidos que no existían en la vida real. Allí podía ser cualquier cosa, escapar, dejar de ser la hija que siempre discutía, y transformarse en alguien que no tenía que cargar con culpas.

En aquel espacio infinito y desconocido, Iris aún no lo sabía, pero su historia estaba a punto de entrelazarse con otras voces, otras presencias. Voces que cambiarían la forma en la que entendía la soledad.

All We Never SayWhere stories live. Discover now