El aire del atardecer primaveral puede ser un buen augurio para muchos. Esperanza, un nuevo comienzo, incluso, sentimientos como el amor pueden casi tocarse al son de los pétalos de cerezo.
Para Bakugo Katsuki, era todo lo contrario. Se había apartado de los demás al final de un entrenamiento, apoyado contra una pared, trataba de controlar su respiración.
—No es posible. No lo es... —se repetía una y otra vez.
Pero cada día era peor que el anterior. Su cuerpo cambiaba, lo sabía, sus feromonas se volvían más intensas y difíciles de ocultar. Las náuseas lo estaban matando y por si fuera poco, su corazón, que luego de pasar por tanto a causa de Shigaraki, estaba nuevamente dándole problemas.
—Bro, en serio estás...
—Alejate pelos de mierda que apestas! —Escupió cortante hacia Kirishima mientras se cubría el rostro con expresión asqueada.
Para cualquier otro era Bakugo siendo tan arisco como siempre, pero para su amigo, quien además era un alfa, esto no era normal. Ese temblor inseguro al final de su frase, sus ojos casi perdidos en el muro. Pero no quería ser intrusivo con el omega, así que simplemente extendió una botella de agua que el cenizo bebió como camello.
Las manos le temblaban y apenas podía contener el aire en sus pulmones. Se retiró del gimnasio más rápido de lo usual y algo indeciso, pasó por una farmacia. Suplementos, algunos parches de olor, supresores, nada fuera de lo común para un omega.
Fue en su época de escuela mientras el nerd andaba haciendo de vigilante que finalmente había aceptado ese lado suyo. ¿Qué si fue fácil? Bah, fue aún más difícil que pedirle perdón al brócoli.
—Test de hCG.
Hablo sin rodeos a la cajera, quien, algo intimidada por el macabro rostro del joven, simplemente lo añadió a su compra.
Aún con la costumbre de meter las manos en los bolsillos, caminaba arrastrando los pies casi sin energía en el cuerpo.
Giró el picaporte y por inercia recorrió su departamento como costumbre. Pero su bolsillo derecho le pesaba como mil demonios a causa de aquel par de cajas que aplastó por la rabia de haber tenido que comprarlas 'solo porque sí'.
—A la mierda.
Se dirigió al lavabo con paso decidido, siguió las instrucciones y simplemente dejó los objetos sobre el tocador. De seguro solo era otro 'cambio hormonal' de mierda y nada más. Nadie tenía derecho a mirarlo por encima del hombro solo por 'creer' que pasaba algo.
¡A él no le pasaba NADA!!
Pero no podía negar el hecho de que, aunque echando chispas de los ojos, miraba a la puerta del baño como si esta tuviera la culpa de su jodida molestia. Su garganta se le secaba cada vez que revisaba el reloj y había pasado tan poco tiempo.
—Diez jodidos minutos... —masculló, pero su voz sonaba hueca.
Todo estaba bien. Él estaba bien. No es que tuviera miedo de checar si había sido una o dos líneas...
El silencio era espeso, apenas roto por el zumbido del refri en la cocina. Se apoyó contra el marco de la puerta del baño, brazos cruzados, uñas clavándose en los bíceps.
Quiso reírse de lo absurdo, de lo patético que era siquiera haber comprado esa cosa. Pero sus rodillas temblaban inquietantemente, y cuando al fin se obligó a acercarse, sintió que el corazón le golpeaba las costillas como una granada a punto de estallar.
El pequeño rectángulo blanco reposaba inmóvil en el mismo lugar donde lo había dejado. Tan simple, tan insignificante... y aun así, lo que marcaba ahí podía destruir todo o...Tragó saliva, apretando los dientes.
—Vamos, idiota... míralo y termina con esto. —Clavó finalmente la mirada en...
Dos líneas.
Claras. Rojas. Innegables.
El aire se le escapó de golpe, como si lo hubieran golpeado en el estómago con un bate. Se agarró del borde del mueble, los nudillos blancos, el rostro torcido en una mueca que no sabía si era de furia o miedo.
—No... —susurró, aunque la voz le salió rota. —No es...
Pero lo era. Cada mareo, cada náusea, cada vez que se sintió extraño... no era casualidad.
—¡Maldita sea! —rugió, arrojando el objeto contra el espejo.
El plástico rebotó y cayó al suelo, pero la evidencia seguía tallada en su cabeza, marcada con hierro hirviente.
Se dejó caer en el suelo frío, respirando entrecortado, con el pecho ardiendo y las lágrimas amenazando con salir, aunque se negaba a dejarlas vencerlo.
Sus uñas arañaron sus sienes. El orgullo, la rabia... todo lo consumía como fuego. Y, al mismo tiempo, un vértigo extraño lo recorría.
Tuvo que inclinarse rápidamente sobre el retrete porque ya estaba devolviendo el almuerzo.
Entonces entre aquel remolino, una sombra se alzó en sus recuerdos, más borrosa que clara.
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¡Aquí una nueva historia! No he dejado olvidadas las otras, solo que me llego una explosion de inspiracion XD
Si se sienten perdidos no se preocupen que mas adelante van a entender.
*Test de hCG = Prueba de embarazo XD
¡Los amitoooo!!!
XOXOXO <3 <3<3
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Inesperado
Fanfiction- Ves Kachan, deberías confiar mas en nuestro juicio! - hablo Denki entre risas -Tsk... -respondió el cenizo, sosteniendo a su cachorro entre brazos mientras su conyuge le miraba a unos pasos de distancia. A pesar de que el miedo seguía ahí, pulula...
