Para Fluke solo había una cosa peor que ver a Ohm Thitiwat después de casi dos años de separación, y era que lo hicieran esperar.
Y esperar, y esperar, y esperar.
No un par de minutos. No diez o quince minutos, ni veinte minutos.
Llevaba una hora fingiendo leer las revistas que la joven y despampanante recepcionista de Ohm había dejado encima de la mesa de centro para que se entretuviera. Bebió un café exquisito y agua mineral con infusión de limón.
Ignoró el cuenco con caramelos de menta y, en vez de chupar caramelos, se mordió las uñas.
Por supuesto, Ohm lo estaba haciendo esperar a posta. Se lo imaginaba sentado detrás de su escritorio entretenido haciendo bosquejos de muebles y disfrutando de la tortura que sabía estaba infligiéndole a él con la espera.
Fluke cerró los párpados con fuerza y trató de erradicar de su mente la boca de él sonriendo. ¡Qué boca! Lo que esa boca lo hacía sentir. Las partes de su cuerpo que esa boca había besado y acariciado...
«No, no, no. No debo pensar en su boca». Llevaba veintidós meses repitiéndose lo mismo. Ya lo había superado. Ya había terminado con él. Ya no tenía nada que ver con Ohm Thitiwat, había sido decisión suya.
–Ya puede pasar a ver al señor Thitiwat –la voz de la recepcionista lo sacó de su ensimismamiento y, al mismo tiempo, el corazón comenzó a martillearle el pecho.
No debería estar tan nervioso, no tenía motivos para estarlo. Tenía todo el derecho del mundo a hablar con él; sobre todo, teniendo en cuenta que se trataba de un asunto que concernía a su hermano menor.
Aunque... quizá no debiera haber tomado un avión a Milán sin pedir una cita antes; pero había ido a Florencia a ver a unos clientes y estaba allí cuando su hermano, Isaac, lo llamó para decirle que Ohm iba a patrocinar su carrera deportiva. Y, por supuesto, no estaba dispuesto a irse del país sin exigir explicaciones a Ohm, cara a cara, sobre el motivo por el que iba a poner dinero para hacer realidad el sueño de Isaac de convertirse en jugador de golf profesional.
Fluke se levantó del sofá de cuero, se alisó el pantalón, se acomodó el bolso del hombro y, con la otra mano, tiró de la pequeña maleta con ruedas en dirección a la puerta del despacho de Ohm.
¿Por qué Ohm no había salido personalmente a recibirlo? ¿Por qué lo estaba obligando a llamar a la puerta cerrada? Había sido su esposo. Se habían acostado juntos. Lo habían compartido todo.
Bueno, no todo...
Fluke ignoró una punzada de remordimiento. Los matrimonios no tenían por qué compartir todos y cada uno de sus secretos, cada uno de los detalles de su vida anterior; sobre todo, un matrimonio como el suyo con Ohm. Había sido una unión basada en el sexo, no en el amor. Se había casado con él consciente de que Ohm no lo quería, pensando que lo mucho que lo deseaba sería suficiente. Pero Ohm había exigido de él algo más que permitirle que lo exhibiera en público. Mucho más. Más de lo que había estado dispuesto a dar.
Fluke estaba seguro de que Ohm no le había revelado todo respecto a su pasado. Ohm siempre se había mostrado reacio a hablar del encarcelamiento de su padre por fraude y de las repercusiones que ello había tenido para el negocio familiar. Al final, había renunciado a seguir presionándole al respecto, consciente de que no iba a conseguir nada. Él mismo tenía un secreto que no estaba dispuesto a revelar.
Delante de la puerta, Fluke enderezó los hombros como si se estuviera preparando para una batalla. Y de ninguna manera iba a rebajarse a llamar a la puerta y esperar a que él le diera permiso para entrar. Respiró hondo, giró el pomo de la puerta y abrió.
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Reconciliación Abrasadora
FanfictionOhm quería que su esposo, Fluke, volviera con él. Dado que Fluke le había dejado hacía casi dos años, estaba dispuesto a recurrir incluso al chantaje para conseguir una reconciliación temporal según unas condiciones impuestas por él. Pero el apasion...
