La sala del tribunal estaba en completo silencio, salvo por el suave crujido de la madera bajo el peso de los presentes. El recinto era amplio, con altos ventanales que dejaban entrar una luz grisácea, filtrada por las nubes de tormenta que se acumulaban sobre la ciudad. Las paredes estaban revestidas de piedra oscura y cortinas pesadas, como si quisieran absorber cualquier atisbo de calor.
En el centro, el estrado del juez se alzaba imponente, coronado por el símbolo del Ministerio de Magia. El juez —un mago mayor de barba plateada y rostro imperturbable— observaba con la severidad de alguien que había visto demasiados crímenes para dejarse impresionar fácilmente.
A la derecha del estrado se encontraba Lucius Malfoy, de pie, con las manos atadas por grilletes encantados que brillaban con un fulgor tenue. Su túnica, aunque de buena calidad, estaba arrugada, y sus cabellos rubios, normalmente perfectos, caían en mechones desordenados sobre su rostro. No llevaba su bastón, y sin él, parecía un hombre menos seguro de sí mismo. Sin embargo, aún sostenía la cabeza en alto, con un orgullo que rozaba la arrogancia.
A su lado, sentada en una silla más baja, Narcissa Malfoy vestía una túnica oscura de cuello alto y mangas largas, casi como si quisiera desaparecer en la tela. Su expresión era fría, pero sus manos —ligeramente crispadas sobre su regazo— delataban la tensión. Su cabello rubio, perfectamente recogido, contrastaba con el ligero temblor que recorría sus dedos cada vez que alguien mencionaba su nombre.
Frente a ellos, en el lado contrario de la sala, estaba Severus Snape. No vestía su habitual túnica de profesor, sino una de tela más pesada, con cierres de plata en el pecho y hombros rectos que le daban una presencia imponente. Su rostro, pálido y afilado, parecía esculpido en piedra, pero lo más raro eran sus ojos: rojos como si hubiera llorado mares , con una intensidad feroz que perforaba a cualquiera que se atreviera a sostenerle la mirada. Se mantenía de pie, los brazos cruzados tras la espalda, como un verdugo que espera su turno para actuar.
El juez rompió el silencio.
—Señor Malfoy —dijo con voz grave—, se le acusa de crímenes graves contra la ley mágica y contra la seguridad de nuestra comunidad. Ya ha negado algunos cargos, pero… ¿desea dar su versión sobre los otros?
Lucius giró apenas la cabeza, lanzando una mirada breve pero calculadora hacia Narcissa, antes de volver a centrar la atención en el juez.
—Mi versión es la verdad —dijo con voz firme, aunque un matiz de irritación vibró en sus palabras—. No actué solo.
Hubo un murmullo en la sala. El juez alzó una ceja.
—¿Está insinuando que su esposa fue cómplice?
Lucius dejó que la pregunta flotara unos segundos. Sus labios se curvaron apenas en una sonrisa tensa.
—No insinúo nada. Lo afirmo. Narcissa estaba conmigo.
El leve temblor en las manos de Narcissa se intensificó, pero su rostro permaneció impasible. No le miró. No le replicó.
El juez anotó algo en un pergamino.
—Señora Malfoy, ¿desea responder a esta acusación?
Narcissa inspiró profundamente antes de contestar, con una voz tan suave como un susurro de hielo.
—No .
En ese momento, Snape avanzó un paso, y la tensión en la sala se palpó como electricidad estática.
—No es mentira —intervino con voz grave, profunda, y cargada de una ira contenida—. Ambos actuaron de manera deliberada. Los dos estaban en el lugar, en la hora… y con las intenciones que ahora pretenden ocultar.
Lucius le miró con un destello de odio en los ojos.
—Oh, Severus… siempre tan dispuesto a señalar con el dedo, incluso contra quienes fueron tus aliados.
—Aliados —repitió Snape, su voz casi un gruñido—. No confundas conveniencia con lealtad. Nunca fuiste mi aliado, Lucius.
Los murmullos aumentaron otra vez, y el juez golpeó la mesa con su mazo encantado.
—Orden en la sala.
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Susurros de un corazón roto.
FanfictionEntre muros de juicio y susurros de horror, se alzó la verdad teñida de dolor. Un padre sin sangre, con alma encendida, defendió la memoria de una vida perdida. Un relicario de plata, cerrado al corazón, guarda risas pasadas, un pequeño dragón. Foto...
