Dos chicas caminaban por la acera, con las mochilas colgando y las zapatillas de ballet aún puestas. El sol de la tarde se filtraba entre los árboles, tiñendo de dorado las calles del barrio. Clara iba en silencio, como siempre después de clase. Lucía, en cambio, hablaba sin parar, quejándose del calor, del profesor, de sus pies.
—¿Te fijaste en cómo nos miró la señora del mostrador? Seguro pensó que estábamos sudadas y feas —dijo Lucía, riéndose.
Clara no respondió. Estaba acostumbrada a los comentarios de Lucía. A veces eran graciosos, otras veces... no tanto.
Al doblar la esquina, Clara se detuvo de golpe. Frente a ellas, sentado en una banca, había un chico. Tenía el cuerpo grande, la espalda encorvada, y los auriculares puestos. Parecía estar esperando algo, o simplemente descansando.
Lucía lo vio y soltó una carcajada.
—¡Madre mía! ¿Has visto a ese gordo? Parece que la banca va a romperse.
Clara sintió cómo se le encogía el estómago. Miró al chico con más atención. Su rostro le resultaba familiar. Muy familiar.
—No digas eso —murmuró.
Lucía se encogió de hombros. —¿Y qué? Es verdad. Está enorme. ¿Cómo puede alguien dejarse así?
Clara tragó saliva. El chico levantó la vista por un segundo, como si hubiera escuchado algo. Sus ojos se cruzaron con los de Clara. Y entonces lo supo.
—Se llama Mateo —dijo en voz baja.
Lucía frunció el ceño. —¿Lo conoces?
—Sí. Iba conmigo en primaria. Le hacían bullying todos los días. Le decían "el gordo", "ballena", "monstruo". Le tiraban la comida, le rompían los cuadernos. Y nadie decía nada. Ni yo.
Lucía se quedó callada.
—Una vez me defendió. Yo estaba llorando en el baño porque unas chicas me dijeron que tenía "piernas de elefante". Él entró, me dio una servilleta y me dijo: "No les creas. Tú bailas como si volaras."
Clara dio un paso hacia la banca. Lucía la siguió, en silencio.
—Hola —dijo Clara, con una sonrisa tímida.
Mateo la miró, sorprendido.
—¿Clara?
Ella asintió. —Gracias por aquel día. Nunca lo olvidé.
Mateo sonrió, y por primera vez en mucho tiempo, se sintió visto. Lucía bajó la mirada, avergonzada. Tal vez, por primera vez, entendía que sus palabras podían doler más que un golpe.
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Mini historias del universo
De TodoMini historias por si te aburres, me inspire mucho en INVISIBLE, de Eloy Moreno, es una gran libro que recomiendo, y me encanta el escritor
