Día 1:
Había dejado la cuna hace años, pero mi hermana menor aún la necesitaba. Ella era adorable, me hacía reír todos los días con sus pucheros y sus rabietas que provocaban los gritos de nuestra madre. Yo jugaba todo el tiempo que podía con ella, sin embargo, tenía obligaciones con nuestro pueblo y tenía que trabajar obligado en una construcción. Apenas habían pasado 3 meses desde que cumplí los 18 años. Ya no podía ver a mi hermana con la misma frecuencia que antes. Mi padre ya no estaba con nosotros y mi madre no quería hacerse cargo de la guambra; ella no tenía a nadie más para que la protegiese.
Vivía en Pucará del viento, un pequeño pueblito fundado en 2029. Yo nací cuando se estableció. Fui el primer niño sano registrado en la población. Toda la gente que me conoció me crio, pero, aun así, sentí que ellos me habían fallado. Me ensañaron muchas cosas, pero casi no conocía a mi país, Ecuador. Me gustaba ver los paisajes frondosos, la naturaleza que producía sonidos sin igual y me encantaba comer la sopa que hacía mi mamá. No sabía de matemáticas o de física y no tenía la información necesaria para mi trabajo actual. Yo solo quería sentarme y estar con los míos.
La tecnología había llegado hace 2 semanas y teníamos un televisor para ver el fútbol. Sin embargo, el día en que todo inició todos estaban comiendo un locrito ahumado. ¡Que rico! Mientras comían yo prendí la televisión y vi las noticias. Robos en Quito y estaban velando a un alcalde en Montúfar. No sabía mucho sobre el mundo; yo solo prendí la televisión para ver alguna serie de acción o algo por el estilo. Entre tanto, algo en los reportajes me llamó la atención. En un lugar llamado Estados Unidos apareció un agente vírico que modificó la visión de todos los estadounidenses. La gente tenía sarpullido cerca de los ojos y en otros casos sus ojos se malformaban siendo más grandes de lo normal. Yo pensaba que era una película de terror y miré atentamente porque se veía interesante.
Me había dado mucha hambre, fui por mi locrito ahumado y me dieron un plato completo. Agarré la cuchara y comencé a comer; cada bocadito fue una experiencia de sabores donde el zapallo, el maíz y las papas se combinaban dando el sabor perfecto. Al terminar dejé el plato a un lado y bostecé. Fue entonces que me di cuenta que tenía que ir a trabajar: ya que era la 1 de la tarde y contaban con que yo hiciese el batido para la construcción. Por otra parte, me encontré en el camino a 2 de mis amigos, sus nombres eran Pancho y el José. Ellos tenían una botella de mizke. Como yo no tomaba eso del alcohol rechacé el trago cuando me lo ofrecieron. Me dijeron Shunsho por no aceptar y solo me reí.
Llegamos los 3 a la construcción; estábamos cimentando un supermercado. Mi ilusión no tenía comparación: Ahí podría obtener todos los víveres que necesitaba en vez de esperar a que el vecinito trajera la despensa los viernes. Continuando con el trabajo, Pancho había traído todos los materiales el día anterior: El cemento, la arena, el agua y el ripio. Comencé a cernir la arena, pero de pronto un trabajador gritó: <<¡Paren todo! Vengan a escuchar las noticias>>. Miré a Pancho y a José; estaban igual de confundidos que yo.
La arena estaba a mi alrededor, pero dejé de cernir y fui a ver que ocurría. Me dirigí al área del arquitecto quien tenía una radio moderna según yo y escuché que estaban informando lo mismo que escuché hace un rato. La gente en Estados Unidos estaba experimentando cambios de conducta muy raros, una cosa de locos. Estaban matándose unos a los otros y yo solo me di cuenta de una cosa, que eso no era una película... ¡Era la purita verdad! Todos cayeron en pánico. Uno de mis compañeros dijo:<< Eso les está pasando a los gringos nomás. No se preocupen. A nosotros no nos va a pasar nada>>. Pero yo no me quedé tranquilo, solo podía pensar en que tenía que cuidar a mi madre y a mi hermana.
— No te preocupes Adam. Todo saldrá bien. Allpa Mama está con nosotros—. Dijo María una vecina que siempre nos traía bebidas o algún snack para picar mientras nosotros estábamos trabajando—. Esas cosas feas no van a llegar hasta acá a nuestro hogar, ¿entiendes? Aquí nadie va a luchar contra el otro.
YOU ARE READING
Oculust.
HorrorEl mundo no se acabó con una explosión, sino con una mirada. En apenas una semana, el agente vírico bautizado como "Oculust" ha doblegado a las potencias mundiales, transformando a las personas en depredadores movidos por una ira ciega. La mutación...
