Prólogo

123 33 15
                                        

Cuando te vas de casa, nadie te advierte que hay cosas que te seguirán incluso si cambias de ciudad.

Creí que lo más difícil de mudarme a un nuevo hogar seria estar solo. Pero el silencio no existe aquí.

—Esto va más allá de las historias, del espiritualismo o cristianismo– suelta una carcajada vaga —ja que digo cristianismo, esto es todo lo contrario a la iglesia. No hablo del suceso de la desaparición de mis padres luego de que me fui, ni de la muerte de mi nuevo vecino Sven, tampoco los gatos de la señora Carmen, y menos…

—¿Las voces siguen ahí? —pregunta el señor interrumpiendo al chico.

—Las voces parecen querer algo… y no tengo su respuesta.

—Tal vez solo te dicen que vuelvas al manicomio donde saliste —se hecha a reír de manera burlona.

“No tiene caso pedirles ayuda”

La primera noche en ese edificio, escuché voces. No gritos, susurros. Como si alguien me hablara desde detrás de mis orejas y ni siquiera puedo ver de quien viene. Luego comenzaron a decirme direcciones a lugares desconocidos, si no las obedecía eran más intensas ¡PERDERIA LA CABEZA SI NO LO HACIA! Hasta que saque mi cabeza por ese balcón justo como me pidieron y vi a mi vecino… bueno, eso no era mi vecino.

Estas voces me están enseñado, tal vez me utilizan, me engañan o me quieren para algo más grande… solo sé que ya nada es normal en mi vida.

“¡¡¡DEJENME EN PAZ!!!”

Y si los vivos no lo entienden, los muertos lo harán.

Aún recuerdo su voz, sus manos sosteniéndome, todos sus problemas rondando en mi cabeza… pero solo yo recuerdo su nombre, su ser.

—Hoy es el día donde acabaré con todos ellos…

Me hablan sin leyes, sin preguntar y aun así me lastima mientras lo hace. Alimento su corazón con mi miedo, aunque no creo que eso tenga corazón y menos un alma.

—Ella lo sabe todo… pero tienes que protegerla. No estás solo y no hablo de mí que estoy siempre a tu lado… hablo de ellos, de los que en un futuro tendrás que ayudar a llegar al fondo de esto, porque yo aún no puedo.

—Solloza niña rota, dame tu corazón. Sé que duele, sé que callas, sé que un día serás solo polvo desnudo que no mira con los ojos y no siente con las manos, olvidada por el mundo y recordada por el vacío —tararea una voz lejana en un pasillo oscuro.

Me llamo Aiden y esta es la historia de cómo perdí el miedo y la mente.

Susurros. Los Ecos De Un OlvidadoStories to obsess over. Discover now