Bikini Volador 1.1

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Yo a tu edad ya tenía trabajo. Ganaba mi propio dinero y ya estaba ahorrando para comprar mi propia casa.

A tu edad ya había conocido a mi esposo.

¿Tienes veintitrés? Ya deberías tener una carrera universitaria.

A esa edad ya había comprado mi primer carro. Deberías ahorrar.

¡Los veinte son los mejores años de tu vida!

Esos y muchos más son la clase de comentarios que estoy acostumbrada a oír por parte de los amigos de mi madre, los cuales no son de mi agrado, pese a conocerlos desde niña.

Hoy particularmente están celebrando el aniversario de Martha y Eduardo, por tanto todos se encuentran extrañamente contentos y nostálgicos.

—Te podría recomendar a muchas empresas en donde puedes trabajar pero debes tener algún título universitario—comenta Martha mientras se engulle una aceituna.

Si sabe que no soy graduada, ¿Para qué lo menciona?

Adoro a Martha, crecí con ella y con su esposo, y para mi han sido una segunda familia, sin embargo, a veces su comportamiento me deja mucho que pensar.

—Recuerdo cuando tenía tu edad y estaba en la universidad con tu madre, una experiencia maravillosa—sonríe cerrando los ojos, recordando aquella época—. Que lastima que a ti no te guste estudiar.

No soy universitaria, eso lo sé. Tengo veintitrés años y aún no he logrado lo que muchos han hecho a mi edad, o eso dice ella. No soy licenciada ni mucho menos estudiante, tampoco tengo una relación estable con nadie y sinceramente no me importa, pero a ella parece interesarle bastante.

—Deberías empezar a buscar alguna beca. No puedes estar de vaga—me regaña.

—Estaba trabajando—le recuerdo.

—Trabajar en una zapatería no es algo serio y tampoco te da currículum en empresas. ¿No has considerado hacer cursos de administración o algo?—inquiere.

—¿Para qué?—pregunto frunciendo el ceño—. Además, son muy costosos, hay prioridades.

—Nada es más importante que tu futuro—. Acomoda sus manos sobre las mías.

Yo vivo el presente, no vivo el mañana porque nadie sabe que va a suceder. Dejo que las cosas tomen su curso y si me conviene, va a suceder.

Además, para ella es fácil decirlo cuando el dinero va y viene. En mi caso he tenido que acostumbrarme a tener lo justo para comer.

—Hay que pagar facturas y alimentarnos. Tenemos muchos gastos últimamente y pagar un curso de administración, o lo que sea, es algo lejano.

Martha es una mujer de dinero, lo tiene todo, una casa preciosa la cual posee lujos que una familia ordinaria no podría darse (la mía), carros últimos modelos, un esposo bien parecido, una vida social envidiable y una hija perfecta la cual solo tiene que preocuparse por lucir bonita.

—Eso lo entiendo, pero pueden ir ahorrando de a poco. Tu sueldo lo podías haber usado para eso, mi amor—. Expresa mientras se sirve una copa del mejor champán que compró.

No voy a gastar mi dinero en lo que tú quieras.

Le tengo mucho cariño a Martha, ella ha sido un apoyo para mamá desde que nuestro negocio de comida Gourmet quebró y las ventas particulares disminuyeron, sin embargo a veces piensa que todos tienen los mismos recursos económicos que ella.

No la culpo, ella toda su vida ha vivido de lujos y dinero. Rodeada de gente igual a ella. Excepto por mi madre, quien estudió en la mejor y la más costosa universidad del país junto con Martha. Aunque mi madre obviamente logró entrar por mérito académico.

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