"Compromiso"

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"Le presento a mi hijo..."

La Alfa se inclinó con respetó ante el hombre presente, el aroma a jazmín propagándose por la habitación. De pie, frente al imponente hombre, el pequeño niño, con 7 años, de tez morena se mostraba tranquilo, postura recta y el reflejo de sus lentes sin dejar ver sus ojos, perfectamente vestido con un traje formal de color blanco.

"No hace falta que seas tan formal Martha..." -el hombre soltó una gran carcajada que resonó en toda la sala- "Somos amigos desde hace años..."

"Marcus, siempre tan descuidado en la etiqueta" -la mujer soltó un pequeño tic en el ojo- "¿Qué ejemplo le estás dando a tú hija?"

"Mi hija, sabe con exactitud que no debe ser tan refinada con amigos de la familia" -el otro Alfa se puso de pie con tranquilidad, sacudiéndose el saco para alisarlo- "¿Que tal... si en lugar de regañarme como siempre... Me presentas a mi futuro yerno?"

El pequeño dio un pequeño paso al frente.

Su aroma a fresas silvestre saliendo de él sin que pueda evitarlo. Solo había despertado su casta hace dos semanas.

Omega.

Estaba temblando.

Se mordía el labio para no sollozar.

Ya había recibido gritos de su madre.

Nunca la había visto enojada con él.

Lo hubiera golpeado si es que su padre no la hubiera detenido.

Quería que su padre estuviera aquí.

El hombre frente a él era enorme, su piel pálida como la nieve, y sus ojos brillando en un tono rosa que le helaba la sangre.

"¡Es adorable!"

Marcus apretó las mejillas del pequeño, estrujándolas mientras murmuraba como se lo comería a besos.

"Definitivamente, el 99% de sus genes vienen de James..." -dejo los mofletes del niño con un último apretón, para enderezarse y y mirar a la mujer- "No puedo creer que ese bizcochito sea tú hijo"

"Claro que es mi hijo..."

"Entonces que suerte que solo saco tu color de piel..." -el Alfa soltó su aroma a jazmín de manera juguetona- "Oh... espera, no es de mucha suerte"

"Que chistoso..." -Martha soltó un poco de aroma a frambuesa, de manera amarga- "Y deja de hablar así de James..."

"¿Así cómo?" -él se apoyo contra el hombro de la mujer con una sonrisa divertida- "De como solo él pudo hacer a la lindura de tu hijo... Se multiplico en una mini versión"

"Púdrete"

"¡Lenguaje!"

Después de que Marcus dejará a Martha a punto de golpearlo, el hombre blanco se acercó y se agacho a la altura del pequeño Omega.

"Hola, pequeñín..." -el hombre sonrió ligeramente- "Te vamos a proteger, lo prometo"

El niño asintió decidido.

Su familia era poderosa, y acomodada, pero no tanto como la de el Sr. Harrington. Nueva Orleans era una ciudad en constante crecimiento y tenían que seguir en movimiento, no había tiempo para el amor de verdad.

Su madre era una sirvienta de la casa Lucine, que logró enamorar a el único hijo de la familia.

James Lucine, un Omega.

Él puede decir con toda seguridad que sus padres se amaban con todo su ser, y que el hecho de que hallan logrado estar juntos es puro milagro.

Sigue pareciendo que Dios hubiera hecho que los antiguos patriarcas, racistas, castistas y abusadores, hubieran muerto justo después de firmar el documento de herencia a nombre de su único hijo... Sin enterarse de su romance secreto.

Un Matrimonio Perfecto [Three-Short]Stories to obsess over. Discover now