Ssangmun-dong, con sus calles empinadas y tiendas de barrio que huelen a fideos recién hechos, parecía un sitio olvidado por el tiempo. Un vecindario donde todos se conocen, donde las ventanas siempre están abiertas y los chismes vuelan más rápido que el viento. Pero incluso entre sus rincones tranquilos, la desesperación sabía esconderse bien.
Sang Woo caminaba por esas calles con el porte de un alfa exitoso. Camisa planchada, reloj brillante, sonrisa falsa. A los ojos de su madre, era un empleado de una empresa importante; a los ojos de su pareja, Gi-hun, era el pilar de su hogar, el hombre que lo cuidaría para siempre. Pero tras esa fachada se escondía un abismo.
Las deudas lo asfixiaban. Había apostado todo creyendo que podría devolverlo pronto. Pero cuando recurrió a La Rosa Negra, supo que no había retorno. Nadie le pide dinero al grupo criminal más temido de Corea sin pagar un precio.
Esa noche, las calles de Ssangmun-dong estaban más oscuras de lo normal. Sang Woo ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar. Dos hombres lo sujetaron por los brazos, lo arrastraron al callejón detrás de una ferretería cerrada, y lo golpearon sin misericordia.
—El jefe está perdiendo la paciencia —le escupió uno, mientras el otro apretaba su mandíbula con una mano enguantada—. O pagas, o pagas. No hay tercera opción.
Sang Woo escupió sangre y trató de decir algo, pero solo recibió otro puñetazo.
Cuando lo soltaron, quedó tirado en el suelo, jadeando, la ropa sucia, el orgullo más sucio aún. No gritó. No pidió ayuda. Solo pensó en él.
Seong Gi-hun, su Omega de 25 años, era la luz de esa casa pequeña. Dulce, risueño, ingenuo. De esos que aún creen que la gente cambia y que el amor es suficiente para pagar las cuentas. Gi-hun no sabía nada de los negocios oscuros de su pareja. Nada de las apuestas ilegales, los préstamos con intereses inhumanos, y mucho menos de la peor de sus decisiones: endeudarse con la organización más temida de Corea del Sur.
La Rosa Negra.
Una mafia cuya existencia solo se susurraba en bares y callejones. El jefe, Hwang In-ho, era una figura rodeada de rumores: que nunca repetía una advertencia, que su mirada bastaba para congelarte la sangre… y que tenía gustos muy específicos.
Cuando los hombres de La Rosa Negra tomaron a Sang-woo por los brazos, lo golpearon sin clemencia y le recordaron su deuda, no fue el dolor lo que lo hizo temblar.
Fue la advertencia final:
—Tienes una semana. Si no, el jefe va a elegir lo que quiere a cambio.
Sang-woo los miró con el rostro ensangrentado, aturdido, sin entender del todo a qué se referían. Pero por la manera en que se lo dijeron, por la sonrisa torcida en sus labios, supo que no se trataba de dinero.
Y eso lo aterraba más que cualquier golpe.
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Dominio |La Rosa Negra| Inhun
RomanceGi-hun cree vivir una vida sencilla al lado de Sang-woo, su mejor amigo de la infancia y actual pareja. Pero todo cambia cuando una noche, sin explicación alguna, es secuestrado y entregado como "pago" a la organización criminal más temida de Corea...
