🌻 Yo sé que tengo muchas historias que actualizar y que el tiempo no me alcanza, pero tuve esta idea y sentí la necesidad de escribirla.
Actualizaciones una vez a la semana.
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En el Reino de Thar’khal, la magia le pertenece solo a la nobleza.
Los de abajo nacen sin poder.
Los de arriba gobiernan gracias a él y nadie cuestiona ese orden sin pagarlo con su vida.
Ohm fue coronado rey a los 25 años.
Frío y calculador.
No buscaba respeto, exigía obediencia.
Nunca conoció la culpa.
Gobernar con crueldad era parte de su deber y él lo hacía bien.
Durante la ceremonia de coronación, sintió una punzada extraña, justo cuando sellaba el juramento.
Y eso no tenía que pasar.
Una marca extraña apareció en su pecho, justo sobre su corazón y decidió callarlo, porque no tenía idea de su procedencia.
No hizo preguntas, lo ocultó.
Pero desde entonces, su cuerpo empezó a comportarse de forma errática.
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Fuera de ahí, en uno de los barrios más hundidos del reino, Nanon acababa de saltar un muro con un saco de pan en el hombro.
Se reía mientras corría, como si robar fuera solo un juego.
Porque para él, lo era.
No tenía apellido ni miedo.
Solo piernas rápidas por la experiencia.
Había crecido sobreviviendo sin entender del todo cómo funcionaba el mundo.
No sabía qué era la nobleza, desconocía como funcionaban los hechizos, y no tenía idea de por qué había gente con magia.
Solo sabía que si no robaba, no comía.
Y si lo atrapaban, corría.
Pero ese día, al detenerse en un callejón, sintió algo que nunca antes había sentido.
Un ardor agudo le cruzó la muñeca derecha.
Cuando se la miró, vio una marca clara invadiendo su piel.
No entendía qué era y no se lo dijo a nadie.
No porque quisiera ocultarlo, sino porque no tenía a quién contárselo y porque en su instinto más básico, algo le dijo que no debía enseñarla.
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Desde ese día, pequeñas cosas empezaron a cambiar.
Ohm, tan ocupado como siempre, empezó a tener interrupciones físicas que no podía explicar: cortes pequeños, y dolores que no eran suyos.
Sensaciones breves, pero reales.
Nanon también.
A veces un ardor en el pecho, a veces un temblor en las manos.
Estaban conectados.
No lo sabían aún, pero era un vínculo antiguo.
Una maldición olvidada.
No total, no constante, pero lo bastante real como para obligarlos a prestarse atención.
Ninguno lo dijo en voz alta.
Ohm por orgullo.
Nanon, porque no sabía ni qué preguntar.
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DU LIEST GERADE
El vínculo.
FantasyUn rey que jamás voltearía a ver a su pueblo, recibe una maldición que lo obliga a juntarse con un ladrón.
