Ciudad de Polvo, Sector 6.
Edificio Mediterráneo.
Atardecer.
Por fin había llegado a la azotea de ese edificio... Frente a mí se extendía una ciudad inmensa con pocas luces, estructuras y, claro, con esa falsa soledad que tanto caracteriza este mundo. Coloqué mi rifle en la cornisa, ajusté la mira, y me puse en posición.
Tenía claro mi objetivo: un nueve de tréboles, reconocido por sus trampas tóxicas y su máscara de medio rostro.
Barrí con la mira las carreteras vacías entre los edificios, sin éxito alguno ,hasta que algo llamó mi atención.
Una mujer caminaba con paso firme y elegante hacia un callejón. Llevaba un vestido rojo brillante, con aberturas sutiles en los costados, y una capa larga decorada con cartas de todos los palos, la cual se movía cual humo tras cada paso.
Caminaba con la misma gracia y calma con la que alguien desfila pero había algo más, una seguridad amenazante, estoy seguro que sabía exactamente a dónde iba, nada en ella parecía al azar.
Se detuvo brevemente para tomar la falda con una mano mientras subía por un escombro. Ese simple gesto, delicado, contrastaba con la tensión que generaba, como si pudiera girarse en cualquier instante y disparar sin pestañear.
Seguí su recorrido hasta que desapareció entre las sombras, pero minutos después, emergió de nuevo, ahora con una calma medida, como si hubiera tomado el control del entorno tan caótico en qué nos encontrabamos. Se dirigió hacia un muro de un edificio cercano, fue entonces cuando lo note, en su rostro no llevaba una máscara cualquiera...
Era idéntica a la mía.
Solo que ella era un corazón.
Tomé aire y enfoqué de nuevo mi mente. Aumenté el zoom de la mira para observar mejor. Escribía algo en una pared, observé con intriga. ¿Estaba dejando un mensaje?
Justo al terminar se hizo a un lado, como si supiera exactamente que alguien la observaba.
Leí el mensaje...
"Te veo"
El tiempo se congeló... Instintivamente apunté hacia ella…
Pero ya era tarde.
Ella también me estaba apuntando.
Disparó.
La bala impactó directo en la mira de mi rifle. Me lancé al suelo, cubriéndome tras la cornisa, con el corazón acelerado.
No lo podía creer. Tenía muchas dudas en mi cabeza... ¿Cómo me había visto? ¿Quién era esa mujer? ¿Por qué llevaba una máscara tan parecida a la mía?
Pero aún así, una sola cosa era segura: no esperaba menos de un corazón.
Aún con el zumbido en mis oídos, deslicé los dedos por la mira destrozada. El impacto fue certero, exacto. No me dio… porque no quiso.
--------------------------------------------
Entrada encontrada sin firma, sin sello, ni fecha, aunque creo saber quién es su autor. El papel no está en muy buen estado,tiene algo de ceniza, pero es legible. Al reverso tenía escrito algo más:
"No sé quién es, pero debo averiguarlo."
ESTÁS LEYENDO
Solo quedan las máscaras
Historia CortaEn este mundo, el valor de una persona no se mide por su apellido ni por su riqueza, sino por su figura en un juego de póker. Desde que naces, se te asigna un símbolo y un número: corazones, picas, rombos o tréboles. Esa será tu identidad, tu destin...
