ESPADACHIN NEGRO- Capitulo 1: dos años después

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Noche cerrada. Sin luna. Ni viento. Solo sangre.

Los árboles crujían como huesos largos. La maleza estaba teñida de carmesí. Algo jadeaba entre la niebla: una figura delgada, femenina, su piel cubierta de lodo y vísceras. Se arrastraba. Sus uñas habían perdido forma. Su rostro humano aún parpadeaba, como si se negara a rendirse por completo.

Pero la verdad era esta:
Ya estaba perdida.

Y Guts lo sabía.

— ¿Vas a seguir corriendo... o ya entendiste? —gruñó su voz, grave, desde lo alto.

Ella se giró sobre la espalda. Jadeando. Tenía un vestido hecho de sangre coagulada. Cabello como lianas negras. Sus piernas, ahora, no eran humanas: alargadas, recubiertas de escamas, musculosas como las de un ciervo en fuga.

Pero no pudo moverse.

La Matadragones pesaba sobre su estómago, clavándola al suelo con su propio peso. El hierro zumbaba aún por el último golpe que la había partido desde el hombro hasta la cadera. No era un corte limpio. Era una sentencia.

— Maldición... no... no quiero morir... —gimió ella, la voz entrecortada. El rostro aún bello. Aún trágicamente humano.

Guts se inclinó. Su única mano apretó más la empuñadura de la espada.

— Deberías haber pensado eso antes de comerte a un pueblo entero, zorra.
— No eran para mí... —jadeó ella, con los ojos entrecerrados por el dolor— ...eran ofrendas... para ella...

Guts no respondió.
Pero su ojo se estrechó.

— Ella... tu esposa... tu reina... —murmuró la apóstol, escupiendo sangre negra— La quinta Mano... la más hermosa... la más reciente....
— Cállate. —La voz de Guts fue un golpe seco.

Pero ella rió. Incluso desde el suelo. Incluso mientras su abdomen se partía.

— Ella solo quiere que regreses...
— ¡HE DICHO QUE TE CALLES! —Guts alzó su brazo prostético. El cañón brilló. Frío. Imponente.

La apóstol lo miró, y aún así... sonrió.

— Pide por ella en tu muerte, si quieres... —murmuró él, con los dientes apretados.

Ella abrió la boca.

Guts le metió el cañón hasta el fondo de la garganta.

— Esto es por Judeau. Por Corkus. Por Pippin. Por Casca. Por mí.
— ¡Y por ella... también!

— ¡¡BANG!!

El disparo tronó como un trueno contenido.
Su cabeza se desintegró. No explotó. Se deshizo, como si nunca hubiese sido sólida. Un espasmo convulsionó el cuerpo sin alma.

La Matadragones vibró.

⸻

Silencio. Otra vez.

Solo el jadeo del guerrero. Su aliento pesado, mezclado con sudor y sangre. Las moscas comenzaban a moverse ya, como si no importara si era humana o bestia. Carne era carne.

Guts se apartó, con dificultad. Sus costillas dolían. Su brazo herido no paraba de latir.
Pero su rostro no mostraba dolor.

Solo vacío.

Y el anillo... ese maldito anillo... brilló.
Luz roja.
Suave. Cálida. Como un susurro.

Y entonces...

— ¿Ya terminaste, amor...?
Ella no mentía... yo te extraño... tanto...
Pero no importa cuánto te alejes...
...sé que cada noche, al mirar el fuego, piensas en mí.

Berserk: "Desde Este Momento, Me Perteneces" Vol 2Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora