Tus ojos brillan junto al cielo

2.2K 180 256
                                        

"This is love?"

Desde el día en que aprendió a caminar, Antínoo había sido entrenado para no detenerse.
Para no mirar atrás.
Para no sentir.

Su madre, Artemisia de Axtes, era más que una general: era un mito. Una alfa feroz, la fuerza que guiaba a las legiones, conocida tanto por su frialdad como por su mirada implacable. Para ella, su hijo no era solo un niño. Era un arma.

—No naciste para amar. Naciste para dominar, para tomar lo que te corresponde —le decía con voz seca mientras lo hacía entrenar hasta sangrar las manos.

Antínoo no conocía otra forma de vivir.
Axtes no criaba príncipes. Criaba bestias de guerra.

A los doce años, lo llevó a Ítaca.
Su madre había conseguido una invitación a la corte de Penélope. El rey aún no regresaba de la guerra, y la reina necesitaba aliados militares para sostener su reino. Artemisia olía la oportunidad como una loba ante la presa.

—Te mostrarás educado. Firme. Letal —le ordenó su madre—. Que te vean como la espada que puede proteger a su precioso heredero.

Y Antínoo, con la mirada baja y el cuerpo aún en formación, asintió.
Porque ella era todo lo que tenía. Y porque el poder, en su boca, sabía a victoria.

Pero nada lo preparó para ese momento.

Tres años después, volvió a cruzar los pasillos del palacio de Ítaca. Pero esta vez no era un niño. Era un joven de quince años, firme, entrenado, dueño de su fuerza, suspiros de varias cortes a sus espaldas. Alto, con el porte de su madre y los ojos más oscuros que las profundidades del mar.

Esa noche, el ambiente en palacio era distinto. Nervioso. Excitado.

El príncipe Telémaco iba a ser presentado formalmente como Omega.

Durante años, se había mantenido en las sombras. Algunos decían que era por precaución política. Otros, por su fragilidad. Pero esa noche, bajo las estrellas, saldría ante todos.

Y Antínoo… no esperaba nada. Hasta que lo vio.

Y el mundo se calló.

Telémaco entró al salón con un manto azul que flotaba detrás de él como el mar. Su cabello caía en ondas cuidadas hasta los hombros, los labios curvados con la gracia de la reina. Pero lo que lo desarmó fue su aroma.

Dioses.

Era limpio y denso, con notas de violeta y fuego. No era un omega cualquiera. Su presencia lo empujaba hacia adelante, lo arrastraba como una corriente.

Antínoo dio un paso sin pensar. Luego otro. La voz de su madre a su lado se perdió entre el murmullo de los cortesanos.

—Tiene algo —murmuró, casi para sí.

Su madre, que aún calculaba posiciones y alianzas, no notó su expresión.
Pero él sí lo supo:
Ese Omega no podía ser de nadie más.

Y como si el destino quisiera ayudarlo, lo vio alejarse en silencio del salón principal, cruzando una arcada hacia los jardines nocturnos.
Solo.

Antínoo lo siguió.

No como un lobo que acecha. Sino como un naufrago que reconoce la orilla que puede salvarlo.

El jardín estaba cubierto de sombra, con luces tenues encendidas sobre las fuentes. Las flores nocturnas olían a miel y a agua.

Telémaco estaba de espaldas, mirando una camelia abierta, como si el mundo no mereciera su atención.

—Príncipe —llamó Antínoo, deteniéndose a unos pasos.

Telémaco no se giró de inmediato.

—¿Quién eres? —preguntó, la voz baja, educada. Aunque el filo estaba oculto en el tono.

—Antínoo, hijo de Artemisia. Axtes. Me gustaría presentarme… personalmente.

El Omega se dio vuelta con calma. Sus ojos eran hielo fundido.

—¿Por qué?

—Porque creo que algún día estaremos uno al lado del otro.

—¿Y eso lo decidiste tú solo?

Antínoo sonrió, confiado. Esa era su especialidad. La seguridad. La osadía.

—No. Lo decidió el aroma que me arrastra hacia ti desde que entraste a esa sala. Lo decidieron mis sentidos. Lo decidió mi cuerpo, príncipe. No lo niego.

Hubo un silencio. Una pausa donde los dos se miraron.

Y Telémaco, sin expresión, le dijo:

—Tu madre no es la única que quiere aprovechar este evento para escalar. Te equivocaste de jardín.

Y se fue. Lo dejó allí, con su orgullo intacto… pero con el pecho herido.

---

Ese rechazo no lo ahuyentó.

Lo obsesionó.

Desde ese día, Antínoo se convirtió en su sombra.
Entró en la guardia personal por mérito propio.
Siempre a su lado. Silencioso. Firme. Conteniendo con brutalidad todo lo que ardía dentro de él.

Telémaco lo trataba con cortesía distante.
Nunca lo llamaba por su nombre. Nunca le ofrecía más que un asentimiento.
Pero cuando su aroma se alzaba en las tardes de verano, dulzón y perturbador, Antínoo debía cerrar los puños para no lanzarse sobre él.

No podía evitarlo.

Cada vez que alguien más se acercaba al Omega, lo sentía. Los celos le carcomían el estómago.
Especialmente cuando ese noble idiota de Delfos intentó regalarle un laúd.
Telémaco sonrió. Una sonrisa real. Una que él nunca había visto.

Esa noche, Antínoo rompió el laúd a espaldas del castillo.

---

Fue después de otra cena real que todo cambió.

Telémaco volvió a sus aposentos, cansado, con el cuello apenas cubierto por una túnica ligera.

Y Antínoo entró sin permiso.

—¿Qué haces aquí? —preguntó el Omega, alzando la mirada.

—No puedo seguir callando.

—No es tu lugar decir nada.

—No, pero es mi derecho. Porque te he seguido, protegido, deseado en silencio desde que te vi. Porque cada parte de mi cuerpo reacciona a ti.

—Eso no es amor. Es obsesión.

—Tal vez. Pero está en mi sangre. Y en la tuya también.

Telémaco se estremeció. Porque era cierto.

Lo había sentido también. Esa conexión. Esa línea invisible.

—No soy tuyo —susurró, pero su voz tembló.

Antínoo se acercó.

—¿Entonces por qué te cuesta respirar cuando me acerco?

Silencio. Solo la tensión flotando entre ellos.

—No soy un premio —dijo Telémaco, con dureza.

—No. Eres mi destino.

El Omega lo empujó.

—Fuera.

Y Antínoo se fue.

Pero esa noche, el lazo que los unía empezó a latir con fuerza.

Y ambos lo sintieron.
Como un grito ahogado bajo la piel.

———

Hola! Aquí un nuevo fanfic de la pareja Sharpwolf (Antínoo x Telemaco), espero que les guste este primer capítulo! Gracias por leer!

[Axtes: ciudad de origen de Antínoo, inventada por mi para el fanfic]

Déjenme saber que opinan! Los leooo.

Adioss!

El Jardín de Los DestinadosStories to obsess over. Discover now