El chico de ojos miel

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Tal vez era un poco apresurado, pero cada instante, cada minuto que pasa el dolor era un poco más profundo. No era uno en el cuerpo físico, sino más bien emocional, algo que carcomía lo más recóndito de sus entrañas y que le hacía padecer una ansiedad inexplicable cada vez que sus ojos se fijaban en el espejo.

Cho Hyunju no nació como Cho Hyunju. Su nombre, del que ahora reniega, aún se mantiene plasmado en su documento de identidad, aquel que usó para inscribirse en la escuela secundaria. Le había dicho a la secretaria que le coloque el nombre de Hyunju, pero esta le dijo que eso lo hable con cada uno de sus profesores si prefiere llamarla así porque ella como administrativa no podía cambiar la identidad de los estudiantes al gusto de cada uno. Hyunju bramó, obviamente, giro sobre sus talones y caminó por los pasillos un poco aturdida por la respuesta de aquella mujer, tener que hablar con cada maldito profesor de escuela para ser tratada como la persona que se sentía era humillante, denigrante, incluso nostálgico. Aun traía su ropa de varón, no se sentía cómoda eligiendo su outfit femenino el día de la inscripción, sobre todo porque ha empezado su tratamiento hormonal hace relativamente poco y su cuerpo aún no ha cambiado lo suficiente.

Su cabello se mantenía largo, lo había dejado crecer luego que sus padres la echaron de su casa, ahora estaba viviendo de prestado en una habitación en la casa de una amiga de su madre, quien la alojó luego que esta la llamara por teléfono para decirle que su hijo iría unos días allá con ella al centro de Seúl.

Su madre.

A pesar de que ella no comprendía del todo la elección de su hijo —ahora hija— aún se preocupaba por ella o eso es lo que le había dicho la amiga de su madre. Pero claramente fue la primera en doblar la ropa de Hyunju, colocarla en un bolso y dejarlo en la puerta mientras su padre le gritaba que era un «desviado sexual», «que no tenía más un hijo» y que «no vuelva a hablarle nunca más, ni a llamar a casa, porque no lo atendería». Dijo también otras cosas hirientes y humillantes, pero Hyunju no quiere recordarlas. Prefiere quedarse con esto, a partir de ahora es huérfana o simplemente nació de un repollo, cualquier cosa era mejor, al menos no la hacía llorar todas las noches cuando intentaba dormir en esa inmunda habitación.

Pero debía ser agradecida, la señora Hee Soo era un ángel en la tierra, cuidaba de ella y se preocupaba, trataba de cierta forma evitar que Hyunju se resintiera con su madre, comentando que ella llamaba a la casa para asegurarse que estaba bien, pero Hyunju no creía mucho en eso, si quería saber si ella estaba bien simplemente la llamaría cuando estuviera en la casa, su madre conoce perfectamente los horarios o incluso le podía pedir a Hee Soo que la pasara con ella, pero no lo hace, tal vez le teme a su esposo, o tal vez ni siquiera quiere hablar con ella, lo que sea que fuera, hace meses que no sabe nada de su familia, lo último que supo fue que ambos padres habían firmado la ficha de su tratamiento hormonal, porque incluso si eres una paria para tu familia, necesitas de su consentimiento para ser feliz mínimamente, y aunque ellos la desprecian, su último acto de humanidad o de amor hacia ella fue la firma de ese papel, de ese contrato con su nueva vida, que sellaron con una pequeña nota de puño y letra de su padre que decía: «te quiero lejos» y un pequeño corazón de su madre con una extraña caligrafía borrosa, como si hubiera llorado al escribirlo: «Sé feliz».

Entonces aquí está, levantándose a las 6 de la mañana, con el cabello suelto y enmarañado, el bretel de su pijama que cae por su hombro. Mira el reloj despertador y lo apaga, carraspea y quita de encima las sábanas fucia. Su dormitorio está decorado de un insoportable tono pastel, hay algunos restos de cinta que quedaron de los posters que anteriormente tenía colgados la hija menor de la señora Hee Soo, ella se había ido a la universidad, y vivía en el campus estudiantil, pero de vez en cuando venía a visitar a su mamá y Hyunju dormía en el sofá unos días, lo cual no le molestaba en lo absoluto, pero era bastante incómodo. Se levantó descalza, su short de seda color rosa se ajustaba perfectamente en sus caderas, su cuerpo aún era una extraña combinación entre lo femenino y lo masculino. Tenía caderas pronunciadas, pero su cintura seguía siendo poco estrecha incluso con el gimnasio, era delgada, eso ayudaba bastante. Sus pechos habían crecido un poco por el tratamiento hormonal, a veces usaba sujetador porque los sentía un poco más hinchado que el día anterior, pero era un tanto incómodo.

Change (Hyunju x Gyeong Seok)Stories to obsess over. Discover now