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El silencio después de la guerra nunca fue realmente silencio.

Era un vacío extraño, uno que no hacía ruido pero pesaba. Draco lo notaba en los pasillos de la mansión, en el eco de sus propios pasos, en la forma en que el aire parecía demasiado quieto, como si algo estuviera conteniendo la respiración.

Habían pasado meses.

Meses desde que todo terminó.
Meses desde que el mundo decidió seguir adelante.

Y, aun así... algo no estaba bien.

No era algo visible. No había marcas nuevas, ni heridas abiertas, ni señales que pudieran señalarse con el dedo. Era más sutil. Más... interno.

Más peligroso.

Draco apoyó las manos sobre el lavabo, observando su reflejo. Su piel seguía pálida, pero eso no era nuevo. Sus ojeras, tampoco. Lo que sí era nuevo... era la forma en que sus propios ojos parecían no reconocerlo del todo.

Como si alguien más estuviera mirando desde dentro.

Exhaló lentamente.

"Es normal" —murmuró, casi en automático, como si repetirlo suficientes veces pudiera volverlo verdad—. "Es solo... el trauma."

Tenía sentido.

Había escuchado esa voz durante años.
Órdenes. Susurros. Amenazas que se deslizaban como veneno por su mente, incluso cuando Voldemort no estaba presente. Era lógico que su cabeza... la repitiera.

El cerebro se aferra a lo que conoce.

Incluso cuando eso intenta destruirlo.

Durante el día, todo parecía encajar lo suficiente como para fingir que estaban bien. Draco caminando a su lado, el sonido de sus conversaciones —a veces tensas, a veces extrañamente suaves—, incluso los silencios... habían empezado a sentirse habitables.

Casi seguros.

Harry se aferraba a eso.

A la rutina de buscar en libros antiguos, pergaminos olvidados, cualquier rastro de magia capaz de eliminar la marca maldita que aún ardía en el antebrazo de Draco como un recordatorio constante de algo que debía haber terminado.

Debía.

Porque Voldemort estaba muerto.

Lo repitió tantas veces que la frase perdió significado.

Harry se despertó de golpe, el pecho agitado, el cuerpo tenso como si hubiera estado corriendo. La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por la luz tenue que se filtraba por la ventana.

A su lado, Draco dormía.

Tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Harry tragó saliva, pasando una mano por su rostro. Sudor frío. Respiración irregular.

Otra pesadilla.

Debía ser eso.

Cerró los ojos un segundo, intentando calmarse.

Y entonces—

"Sigues intentándolo..."


Harry se quedó completamente inmóvil.

Más allá del rastroWhere stories live. Discover now