El sol ya se había acomodado alto en el cielo, pero aún no dolía apenas se sentía en la piel como un recuerdo tibio, Afuera, la brisa era leve siendo lo justo para hacer que las hojas se rozaran entre sí con un susurro. Dentro del auto, el aire parecía estancado, pero no incómodo.
El carro, negro, parecía una pieza de colección extraviada en la ciudad y aunque falto de espacio tenía un interior que invitaba a quedarse; en él, todo era redondez y roce: los cojines mullidos, el techo bajo, los marcos que limitaban cada movimiento como una habitación secreta que apenas podía contener lo que sentían dos cuerpos compartiendo el mismo aire.
Luisa estaba allí desde hacía un rato se balanceaba con la música, sin apuro aunque ya hubiese pasado un rato demás, ella llevaba una chaqueta de mezclilla con el cuello gastado, una que resistía a ser abandonada. Las botas altas estaban recostadas en el tablero, cruzadas, y su pantalón negro brillaba apenas con la luz que se colaba entre los polarizados mientras el choker negro que rodeaba su cuello se cerraba con un pequeño botón en forma de corazón.
No miraba el celular, Solo esperaba.
El sonido de la puerta la sacó del ritmo en el que se mecía; Sebastián se deslizó dentro como quien teme interrumpir algo, él Llevaba una camisa blanca mal remetida en el pantalón caqui, y las mangas del saco café estaban arremangadas como si se las hubiera subido en medio de una duda mientras sus lentes le bajaron un poco por la nariz al sentarse, Cerró la puerta, o creyó haberlo hecho.
Un clic suave, incompleto.
-La puerta está abierta.
Él dio un respingo, torpe.
-Oh... perdón. -Volvió a empujarla con un hombro, sin atreverse a mirarla del todo.
La música siguió flotando en el aire.
Entonces Luisa estiró la mano con naturalidad y le arregló la manga con un gesto lento, volvió a doblarla, esta vez con intención, hasta dejarla en orden, sus dedos rozaron apenas su brazo al hacerlo, pero no se apresuró; su vista se había perdido en un profundo mar de telas blancas y colores claros.
Él la miró, por primera vez, dejó de encorvarse.
Ella volvió a su asiento como si nada, dejó que la canción siguiera.
- ¿asi que vamos a almorzar comida italiana? Dijo él, con cierto temblor en su voz.
- hmm no se, ¿Qué tal si mejor el camino nos lo dice?
-Pero...
-vamos, al final lo importante es que hablemos o ¿no? Dice ella mientras arranca el motor y le baja volumen al rock que había estado inundando al auto.
Él titubeo durante un instante, sus ojos miraron hacia todos lados, luego se centraron denuevo soltando asi una contundente conclusión dentro de si mismo.
-Siempre quise tocar batería -soltó él de pronto- Pero nunca pasé de una caja de cartón y dos lápices, mis padres decían que hacía mucho ruido.
Luisa sonrió, sin mirarlo.
-¿Y ahora? ¿Todavía quieres?
-Sí, pero... no sé, a veces creo que ya no tengo permiso, Como si fuera tarde.
Ella giró levemente el rostro, el suficiente para que él notara que lo escuchaba de verdad.
-¿Sabes qué es lo primero que hice con mi primer sueldo? -dijo ella, y dejó que pasara un semáforo antes de continuar- Compré unas botas que me quedaban grandes, Carísimas, Apenas podía caminar con ellas.
-¿Y?
-Y me caí frente a todo el mundo en la estación del bus pero me levanté, Me senté en la banca y me quedé ahí, con las rodillas raspadas y las botas puestas, No me las quité.
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Ecos
Romanceun auto y dos personas con personalidades diferentes buscando comprenderse, ¿como saldra? descubrelo en el camino.
