Prólogo

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Naruto Uzumaki tenía dieciséis años cuando empezó a caminar un camino que nadie más parecía entender, y dentro de una semana cumpliría diecisiete

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Naruto Uzumaki tenía dieciséis años cuando empezó a caminar un camino que nadie más parecía entender, y dentro de una semana cumpliría diecisiete. No era un chico especialmente fuerte o grande, pero su cuerpo marcado y ágil mostraba que había trabajado duro para llegar hasta ahí. Su cabello rubio y alborotado, tal como siempre lo había llevado, parecía reflejar esa energía inquieta que no podía quedarse sin hacer nada.

En sus mejillas, las tres marquitas características de él, eran un recordatorio constante de lo que llevaba dentro, un poder que nadie más en la aldea quería enfrentar. Pero más allá de eso, Naruto solo quería algo simple, ser aceptado y reconocido por los demás, dejar de ser la oveja negra de la aldea. Su sueño era convertirse en Hokage, no solo para demostrar que podía hacerlo, sino para proteger a quienes le importaban. En especial a cierto pelinegro rebelde que huía de él.

No era el más calmado ni el más calculador. A menudo hablaba antes de pensar y actuaba sin medir las consecuencias. Sin embargo, esa impulsividad venía acompañada de una determinación firme que lo mantenía en pie, incluso cuando el mundo parecía darle la espalda.

Así comenzó su historia. Con un deseo fuerte y claro, y una voluntad que nadie podía romper.

 Con un deseo fuerte y claro, y una voluntad que nadie podía romper

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(...8 días restantes...)

Naruto seguía caminando por las calles silenciosas de la aldea, con la mirada baja y perdida en sus propios pensamientos, cuando de repente escuchó pasos apresurados detrás de él.

—¡Naruto! —llamó una voz conocida, agitada pero firme—.

Se giró y vio a Sakura corriendo hacia él, con el rostro serio.

—La Hokage te está esperando —dijo sin aliento—. Sai, Yamato y el resto del equipo también están allí. Tenemos una nueva misión.

Naruto asintió con una leve sonrisa que apenas logró ocultar la sombra de su ánimo. Sin decir más, siguió a Sakura entre las calles, mientras su mente giraba en torno a la tarea que les esperaba.

La herida que no sangraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora