1.

49 1 0
                                        

PDV. HARRY

Era una mañana calurosa de septiembre. Hace días dio comienzo el mes favorito de la mayoría de los padres, donde por fin podían librarse de sus hijos en las escuelas, en cambio para otros era, con diferencia, uno de los meses más agotadores. La vuelta a la rutina, a los exámenes, las clases, los trabajos... En definitiva, el fin del verano.

Para mi nunca suponía un problema. Odiaba el verano, por lo tanto, siempre deseaba que llegara el comienzo de las clases para ir viendo como ese calor agobiante desaparecía, dando comienzo al precioso otoño.

- Felicidades, hoy es tu ultimo día metido en este infierno de sitio mas de 7 horas- dice Aurora, palmeando mi hombro.

Otra ventaja es que dejaba de trabajar todo el verano metido en el bar, para dedicarle tiempo únicamente unas horas por la noche.

- Si dios quiere dejará de serlo para siempre- respondo, dejando el trapo húmedo en la barra, viendo cómo los rayos del sol penetraban por una de las ventanas, centrándose en una de las botellas vacías que había en una mesa, haciendo una sombra realmente bonita en la pared.

- ¿Qué planes tienes cuando acabes?

- Hacer el máster e intentar que me enchufen en alguna editorial- digo, a lo que Aurora carcajea, negando con la cabeza.

- Entiendo que ahorras para eso.

Asiento, apoyando mi cuerpo en la barra, ojeando que todo el mundo estaba tranquilo.

- Bastante hacen mis padres pagándome la carrera. Lo mínimo que puedo hacer es pagarme el máster.

Cuando cumplí 18 años decidí independizarme. No fue por nada en concreto. La relación con mis padres era buena, pero siempre fui muy independiente, así que por eso en parte también decidí buscar un trabajo.

Los ahorros que fui almacenando desde que tengo uso de razón, mas el dinero que mi abuelo me dejó en herencia me fue suficiente para poder empezar de cero.

Llevaba 4 años en el bar.

Los meses de universidad tan solo iba de diez de la noche hasta las dos de la madrugada.

Al principio iba zombie a la universidad, pero luego mi cuerpo fue acostumbrandose.

Al fin y al cabo necesitaba el dinero.

Tenía la suerte de compartir piso con mi amigo Giulio, al que conocía desde el colegio.

- Con suerte solo te queda este año y eres libre- dice, sonriéndome.

Aurora y yo éramos compañeros desde que llegué aquí. Los dos éramos nuevos, así que decidimos apoyarnos el uno al otro. Y aquí seguíamos.

Ella también era de Florencia, aunque se crió en Certaldo, un pueblo cerca de aquí.

Su sueño siempre fue vivir en la ciudad, así que aquí estaba, de camarera, ya que ella no tuvo la suerte de poder optar a una carrera universitaria, pero no era infeliz trabajando aquí. Quería aspirar a ser jefa, e iba por buen camino.

- Eso no hará que deje de venir a darte la lata- digo, guiñandole un ojo, a lo que esta sonríe, yendo a atender a un cliente.

Miro el reloj que decoraba una de las paredes. Las seis de la tarde.

Hoy el día se estaba haciendo eterno. Se notaba que los turistas ya se habían marchado y que la gente estaba preparándose para la vuelta a la rutina, ya que hoy solo venían los habituales.

Solía ser un bar tranquilo, alejado de la multitud. Siempre venían los mismos clientes, a excepción de los fines de semana, que se ponía hasta arriba, en especial por las noches.

Golden SinWhere stories live. Discover now