I. Primera Impresión

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Él no se mueve

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Él no se mueve. Sigue encerrado en esa capsula que con el paso de los años se llena de plantas, flores y animales que buscan algo para comer. El laboratorio llevaba más de cuarenta años abandonado, en unos pocos meses, la capsula se abriría según lo indicado en su código; en un día y hora específicos, donde se supondría que él salvaría el mundo. Aunque su consciencia se pregunta de qué debe salvar aquel universo podrido. Él no se mueve, pero escucha y siente todo lo que hay a su alrededor, no puede ver pero está conectado con los árboles y las aves que siguen a su lado. Cada día busca una razón por la que debe ayudar a esos humanos, pero más allá de lo que encuentra en su código, algo dentro de su pecho que no ha logrado identificar, le dice que no es lo correcto. Todo siguió su curso, hasta que ella llegó. Piel morena, mechones rosados y unos ojos verdes muy grandes. El robot no comprendía qué criatura era, sus características morfológicas no entraban en su definición de humano. Sentía como su miedo se filtraba por la tierra, pero no le temía a él. La mujer revisó todo el laboratorio, buscando indicios de algún peligro externo, suspirando aliviada al no encontrar nada. Se acercó nuevamente a la capsula, tocándola con cuidado, analizando cual debía ser su siguiente movimiento. El robot sintió su mirada por unos diez minutos, juraba que si tuviera terminaciones nerviosas se habría 'sonrojado', como le decían los humanos. Ella sacó de una maleta algo, aunque el robot no podía identificar qué era. Antes de que pudiera analizar las posibilidades, se encontraba tirado en el piso, alrededor del liquido que lo mantenía dormido y un montón de vidrios rojos. En algún lugar del laboratorio, los mecanismos oxidados se movieron para hacer sonar una alarma, aunque sin éxito. Ella lo observó a la defensiva, mientras que los ojos del robot solo reflejaban 'admiración', una emoción humana.

-¿Qué eres? -preguntó la mujer, con las piernas temblorosas. El robot inmediatamente empezó a registrar aquellas palabras. Su sistema se acopló al idioma español.

-Metal. -respondió, sus ojos rojos titilaron mientras analizaban a la mujer. Ella observaba sus púas azules, sabiendo que eran familiares.

-¿Me vas a hacer daño, Metal?

-No. Tú, amigo. -aún no podía mantener una conversación, solo decir palabras cortas y aparentemente con sentido.

-Siéntate. -el robot obedeció sin rechistar, dejando que sus rodillas fallaran a propósito para mantenerse en una posición de sumisión.

-Yo, Metal, tú ¿Qué eres? -repitió la pregunta de la dama mientras seguía escaneando toda la vida a su alrededor.

-Yo, Metal, tú ¿Qué eres? -repitió la pregunta de la dama mientras seguía escaneando toda la vida a su alrededor

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Robot Azul - MetamyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora